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12 febrero 2018
Khaleesi (Winter is going away)
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01 abril 2017
Nunca te había visto sonreír
10 agosto 2014
Sonrisa eclipse
30 noviembre 2013
Cinco minutos
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11 octubre 2013
Remanencia
encima de un plato ciego, levantaras hacia tu garganta oprimida la mesa antigua con sus frutos. Como si revivieras tus fugas
entre la bruma matinal al encuentro de la rebelión tan querida, que supo socorrerte y alzarte mejor que cualquier ternura.
Como si condenases, mientras tu amor está dormido, el pórtico soberano y el camino que lleva a él.
¿Qué te hace sufrir?
Lo irreal intacto en lo real devastado. Sus rodeos aventurados cercados de llamadas y de sangre.
Lo que fue elegido y no fue tocado, la orilla del salto hasta la ribera alcanzada, el presente irreflexivo que desaparece.
Una estrella que se ha acercado, la muy loca, y va a morir antes que yo.
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07 noviembre 2012
Agradecimientos
24 diciembre 2009
Las tres figuras

Nada más abrir la puerta, Charlotte descubrió que la tienda era aún más deslumbrante de como la había imaginado. Pesadas y sobrias estanterías de nogal contenían una ecléctica y singular colección de caleidoscopios, snowglobes, joyeros y cajas de música. Pero ante su curiosidad analítica, eran los tableros de ajedrez o de damas delicadamente tallados, los que competían en fascinación con telescopios, brújulas, relojes de arena y extraños objetos sin identificar.
El dependiente, que para sorpresa y decepción de Charlotte, en lugar de un venerable anciano era un joven veinteañero, les sonrió cómplice desde el otro lado del mostrador.
- Tu debes de ser Charlotte
- Sí - respondió ella tímidamente
- Me han hablado mucho de ti, ¿sabes? Creo que tengo algo que puede interesarte...
Segundos después de desaparecer tras una puerta, el joven depositó sobre el mostrador tres pequeñas cajas de cartón. A Charlotte se le hizo un nudo en la garganta. Su intuición infantil le indicaba que algo inusual e increíblemente mágico se escondía en aquellas cajas. Con primor y cierta ceremoniosidad, el dependiente extrajo, uno a uno, el contenido de las tres cajas. Charlotte tuvo que hacer un esfuerzo para no agarrar los tres tesoros que había ante ella y salir corriendo de la tienda. Pero en su lugar, la futura científica que habitaba en ella, tomó el mando:
- ¡Que maravilla! ¿De qué son?
- Este pequeño elefante que tienes delante ha sido tallado con un nuevo mineral extraído de un lago volcánico en Geysir, Islandia. Su particularidad, además de su belleza inquietantemente azul, es que siempre permanece caliente
- ¡Wow, es precioso! ¿Y esta de aquí, qué es?
- Esta... bueno, es una de las piezas más especiales de nuestra colección, ¿sabes? No es posible encontrarla en ningún otro lugar del mundo. ¿Tú que ves, Charlotte?
- Un colibrí
- Yo veo un phoenix. ¿Y tu tío?
- Un aguila- aclaró este sonriente
- ¿Y cómo es eso posible?- inquirió la niña
- Porque está hecha con un 50% de materiales reales y un 50% con, digamos, material “fantastico”...
- ¿Y el material real hace que...?
- Todos sean la ave de nuestra elección, sí
Reservando lo mejor para el final, como era habitual en ella, Charlotte no pudo evitar preguntar por el tercer tesoro.
- Voy a confesarte una cosa, jovencita. Esta es mi favorita. También es la preferida de tu tío y el motivo de que tú estés aquí
- Es maravillosa.... ¿De qué está hecha?
- Bueno, no puedo decírtelo con seguridad. Aunque sospecho que sólo el único o los únicos que lo saben con certeza son sus fabricantes. Lo que ves, está 100% fabricado con materiales irreales, por así decirlo
- ¿Me la puedo quedar?
- Sabía que te encantaría- sonrió complacido su tío- si la quieres, tuya es, aunque antes debes decirme qué has visto
- Una sirena
- ¡Estupendo!- repondió éste mientras extraía su cartera
Un mes más tarde, una sofocada y acelerada Charlotte, irrumpía precipitadamente en la misma tienda. La prisa de la carrera había desprendido varios mechones de su coleta, mientras que sus largos calcetines escolares se encontraban a la altura de los tobillos. Antes de poder quitarse la mochila, fue sorprendida por el dependiente
- ¡Que sorpresa, jovencita!. No esperaba verte tan pronto por aquí. ¿Acaso tienes algún cumpleaños o...
- Quiero devolver la figura
- ¿Qué?- el chico dio un paso atrás, como si la niña hubiera extraído un arma repentinamente
- Ya no la quiero- afirmó tajante
- ¿Prefieres el pájaro ahora?
- No. Quiero el elefante
- ¿Puedo preguntar por qué?- inquirió anonadado el joven
- Siempre pongo en mi mesilla mi juguete preferido o mi último descubrimiento. A veces es una nueva piedra, otras un libro...
- ¿Y?
- Cuando tengo pesadillas, me despierto y lo acaricio, entonces me siento mejor
- Creo que sigo sin entenderte...
- Yo... necesito algo real antes de dormirme por las noches
Dedicado a tod@s los que como Charlotte o la Cecilia de La rosa púrpura de El Cairo, ante la disyuntiva de realidad o ficción, se han visto obligados a elegir lo primero. Merry Christmas.
20 noviembre 2009
Espaldas como muros

¿Dónde estaba yo cuando cayó el muro de Berlín? Mi memoria histórica registra los acontecimientos en fotogramas, nunca en secuencias. Los fotogramas se transforman en cadenas sinestésicas y, de repente, una canción en la radio o un tarro de mermelada, me trasladan a Berlín. Casualmente, muchos de mis caminos partieron de allí, porque ese 9 de noviembre, a 4000 km de distancia, también cayó mi muro.
¿Han odio hablar de esas grandes cantidades de excedentes de las plantaciones que se pudren y nadie aprovecha? Así había sido mi vida amorosa: una enorme cosecha desperdiciada. Y todo porque quince años atras me habían roto el corazón.
Durante todo ese tiempo, más que vacío, me sentía anestesiado. Casi podía observar mi vida y todo lo que formaba parte de ella a cámara lenta y con subtítulos, como si fuera una maldita película muda.
Cuando le conocí, yo era un matemático de mediana edad y él tan sólo un universitario. Bajé mis defensas, porque todo parecía tan predeterminado como una buena canción pop corta. Por mucho que quieras estirarla, incluso aunque la escuches varias veces seguidas, resulta agridulce porque no puedes evitar su precipitado final. Pero alguien pulsó la techa de pause y comencé a redimensionar mi vida, a recolocarla a través de todo lo que él me lanzaba, como los radares y los murciélagos. De repente, todo eran ecos de su cuerpo, su ropa, su nombre, su maleabilidad. Fue como vivir una segunda adolescencia. Sentía una acuciante y dolorosa mezcla de deseo y ternura, de ganas de arrancarle la ropa y acunarlo al mismo tiempo; y tuve que atarme la lengua y los brazos, como si yo mismo me hubiera colocado una camisa de fuerza.
Pronto comenzó la furia. Tenía el ansia de un quinceañero y la carga de la frustración de mis 40 años. De repente, era otro Eduardo con tijeras en lugar de manos que se muere por tocar, así que comencé a pegar, a veces indiscriminadamente. Provocaba a tipos indeseables o me iba a locales en los que antes no habría entrado ni muerto, y llegaba a casa amoratado y cubierto de sangre. Prefería sentir la resaca de ese otro dolor por la mañana siguiente. Dos culpas distintas buscan diferentes castigos y a veces se anulan la una a la otra. Sin embargo, por primera vez en muchos años, no me sentía anestesiado, al contrario. Me encontraba tan hiperactivo que no podía dormir, sólo quería gritar. Gritar, golpear y follar. Me aparecía una buena combinación.
Ese 9 de noviembre tenía el cuerpo tan machacado que mis dos únicas posibles opciones eran urgencias o emborracharme. Cara o cruz. Desde un pub en el que solía espiarle, lancé una moneda al aire y antes de poder comprobar mi destino, note un muro de calidez contra mi espalda y un par de brazos cruzando mi pecho. Instantaneamente, mi cuerpo se relajó y mutó, cambió de forma como si de repente hubiera pasado de sólido a líquido. En ese instante, cayeron al suelo todas mis defensas como pequeñas matrioskas y las vi romperse, una a una. Recordé muchos, demasiados años de exilio de las yemas de los dedos, de alfileres imantadas, de desmembración, y mis ojos se llenaron de lágrimas. “¿Por qué has tardado tanto?” le dije o me dije. No me respondió. Se había cerrado la navaja de Ockham. Finalmente, podía volver a tocar y ser tocado, transversalmente, como se toca la raíz o la música. Y a partir de ahí, fotogramas...
04 noviembre 2009
Introyección (second and last part)

Una apática voz llamó a la rubia germánica y el espacio vacío pareció engullirle de repente. Inconscientemente, James se llevó la mano a su hombro izquierdo, como intentando acariciar la cicatriz que había debajo. Doce años atrás, justo cuando estaba a punto de conseguir el tanto definitivo en su mejor partido de baloncesto, el hombrecillo de verde se le apareció sentado en la canasta gritando con su sempiterna voz chillona “¡no lo conseguirás!”. A consecuencia del susto, cayó al suelo, arrastrándo a dos de sus compañeros con él. Desde entonces, su hombro había limitado muchos de sus movimientos. De 360º a 180º. A Jim siempre le había parecido irónico lesionarse la articulación más flexible.
- No puedes dejarme en paz ni por una sola vez, ¿verdad?- espeto James amargamente
- Ni siquiera tú eres tan ingenuo como para creer que voy a perderme este momento, Jimmy
Odiaba escucharle pronunciar su nombre con aquella falsa amabilidad excesiva. Parecía un profesor sin escrúpulos que intenta humillar al niño más débil de la clase.
- Me han seleccionado. Les gusto y tengo posibilidades. Ni siquiera tú puedes cambiar eso
- Pero aún no estás dentro de la banda. Y en tu interior sabes que ese honor te queda grande- los aros de humo que escapaban de la boca del hombrecillo parecieron expandirse hasta ocupar toda la habitación
- ¡Te equivocas! ¡Llevo años preparándome, puedo hacerlo!- contraatacó el joven
- No puedes, ningún Rygalski puede hacer nada extraordinario. Eres presa de la maldición y también tus futuros retoños... si algún día los tienes
Jim le taladró los ojos con asco infinito
- ¡Tú te encargaste de que no lo fuera, cabrón!
- Che, che, Jimmy, esa agresividad no te va. Tú siempre has sido un buen chico. Tan bueno, que ni siquiera te la... - un gesto obsceno acabó la frase
- ¿Pretendías que lo hiciera estando tu delante? ¡Cada vez que aparecías estando con ella, yo...!- James sentía palpitar dolorosamente sus sienes. El hombrecillo dio una calada que pareció interminable a su pipa antes de proseguir
- Es cierto, tienes el puto don de la oportunidad, felicidades. Pero esta vez no, ahora todo es distinto
- ¡No me digas! ¿Qué ha cambiado, perdedor?- pronunció con sorna
- Yo... sé cómo acabar contigo
- ¿Qué vas a hacer? ¿aporrearme?¿armar un escándalo delante de tus potenciales compañeros?¿dañarte los deditos?
- No- James sintió el irresistible impulso de estrangularlo con las cuerdas de su guitarra
- ¿Qué crees que puedes hacer que no hayan intentado otros antes que tú?
- Cada vez es distinta. No tengo nada que ver con lo que hayan vivido mis padres, mis abuelos o mis tatarabuelos. Para ellos eras real, pero para mi eres un fantasma
- ¿Ah, si? ¿No has tenido suficientes pruebas de mi existencia?
- He tenido pruebas para varias vidas
- Sin embargo, sigues si contestarme. ¡Venga, suéltalo, Jimmy! ¿Qué carajo hay de especial en ti?
- ¿James Rygalski?- pronunció una tercera voz apática ahora notablemente extrañada
- Sí, soy yo- El joven se preguntó acongojado si aquel hombre esmirriado de pelo largo le habría escuchado hablar solo
- ¿Estás listo?
Jim miró desafiante al hombrecillo verde, cogió su guitarra y pronunció alto y claro: “Sí, lo estoy”. La puerta se cerró, dejando tras de sí un nube indefinida de rabioso humo verde.
"... Soy el ser que no fue, lo que no pudo, la olvidada, desdeñada semilla,
Matilde Alba Swann
27 mayo 2009
No es posible no tocarse

No es bueno
quedarse en la orilla
Como ese que vive ahí, ignoro en qué piso,
(...)
no te busques en el espejo,
En la plaza (fragmentos). Vicente Aleixandre.
Siento postearos tan poco lately.
http://ifyouneedmewhistle.blogspot.com/
25 marzo 2009
Jennifer save me

Entro en su habitación suavemente, sin apenas hacer ruido, buscando la aprobación en sus ojos húmedos. Ella tiene ojos de agua de noche. Su piel huele más intensamente justo antes de dormir. Tiene un brillo de promesa, de determinación, como una flecha disparada por una mano misteriosa. Y en algún punto del arco de la fatiga al rocío, me acoge. La acojo. Nos acunamos cuando el día comienza a despertar, perezosos del natural ritmo de las horas. Siempre es tarde. Se ha agotado ya la arena de sus zapatos cuando el día intercambia unas urgencias por otras. Me levanto de la cama con delicadeza de sombra mientras ella susurra palabras en un idioma inventado, y la observo sólo una vez más antes de despedirme para siempre...
Narradores insólitos I: el gato Andy. ¿O qué esperabais? ;)
10 marzo 2009
El viajero epistolar

¿A dónde se dirigirán?
Algunos viajeros se cruzan en mi camino tan brevemente y tan deprisa, que me resulta imposible alcanzarlos. Otros, por el contrario, se mueven con una lentitud rayana en la exasperación. Afortunadamente, descubro a una mujer de mediana edad que parece caminar a mi ritmo. Decido seguirla y un sexto sentido me indica que esa elección no es por azar. Me acerco lo suficiente como para coger la carta de su bolsillo, pero no lo consigo. Está pegada de tal manera que parece una extensión indivisible del propio traje. Entonces, mi desconocida-conocida toma un tren y yo, sin pensarmelo dos veces, la acompaño. Nos sentamos en un vagón intermedio. El viaje comienza y la luz baila ante mis ojos. No consigo ver el paisaje, sólo sus cambios, como una película a 34 fotogramas por segundo. Y en algún punto indefinido entre el día y la noche, me da la carta. Contiene una frase. Siete palabras. Todo mi vocabulario.
Regreso a la estación, sigo a otra persona y otro círculo comienza. Esta vez el viaje es mucho más breve, pero la carta que me entrega con la misma solemnidad del viajero anterior, contiene un libro entero. Más palabras. Horas después, llego a la estación con el tiempo justo de memorizarla. Y una vez allí, tras un breve descanso, sigo a otro viajero y después a otro, en una espiral infinita.
A veces, el trayecto es tan largo, que me da tiempo a aprenderme las cartas al revés, pero otras, el tren regresa a la estación cuando apenas he comenzado a abrir el sobre.
Sentada en el andén, en los escasos momentos en los que mi mente y mi cuerpo asimilan los vocablos y las distancias, observo con anhelo a todos esos “viajeros desconocidos e inalcanzables” que sólo pueden ser seguidos con los ojos, y me pregunto con triste resignación: ¿que misterio contendrán sus cartas?.
Más sobre mi en http://chataignesetchocolat.blogspot.com/
27 febrero 2009
My Blackberry Night's presents

En estos últimos días he recibido dos regalos. Uno es este texto-réplica a mi último poema:
Del techo llueven copos de resplandores azules que, al contacto con nuestros cuerpos, aletean por la habitación como luciérnagas huyendo del frío."
Yo sé que algo es bueno, cuando siendo un cosquilleo en la nuca. Gracias, Mr Pearson. ¿Para cuando un traslado a estos lares? ;)

¿Quereis saber si sois "cat person" or "dog person"? Comprobadlo en
23 febrero 2009
Luciérnagas

en los silencios
y demasiado frío
en los ascensores.
Tú no llegas
yo no llego.
Las palabras
viven arriba,
en un ático pequeño
flotan libres
como luciérnagas.
Capturar su luz azul
durante un segundo
tan solo
es la clave del misterio
¿te imaginas?
un resplandor fugaz
contra los dedos,
un suave aleteo,
una constelación...
...y soltarlas libres de nuevo
Rescatando viejos poemas hasta que vuelva la inspiración...
Si alguien me busca, ya sabe dónde encontrarme:
http://chataignesetchocolat.blogspot.com/ y http://ifyouneedmewhistle.blogspot.com/
21 enero 2009
Abby Road

Abby llega a casa partida en dos por la cintura, y se abraza a su gato como un tímido músico a su instrumento. Gritando en silencio, implosionando con todas las células de su cuerpo un “¡soy yo, déjame salir!”. Él le responde con esa sensualidad mimosa que sólo tienen los gatos, arropándola con sus sentidos, acompasando sus ejes en una sinfonía híbrida de ronroneos.
Abby recibe el regalo con sonrisa de luna, exprimiendo aún más al pequeño felino contra su corazón. Y escucha. Latidos imprecisos acompañan a los envolventes ronroneos como un segundo instrumento. Armonía. Ningún sonido ahoga al otro.
Abby cierra los ojos y se pierde (y se encuentra). Susurra cariños sin censuras y suspira la tierra que el día ha vertido en sus ojos.
Fundida en el abrazo, sin alcanzar la orilla de los verbos, se aleja. No quiere volver, pero, en ocasiones, despierta...
Para mis duendes/amigos/musos/maestros/familiares/cómplices felinos.
http://chataignesetchocolat.blogspot.com/
09 enero 2009
Rainy day

Al cruzar un paso de cebra, un coche rojo, en un esforzado frenazo, se queda a sólo cinco centímetros de golpearte la cadera. Miras con furia al conductor, que a su vez te devuelve la mirada retándote a una guerra de culpabilidades. Perdéis los dos.
Intentas refugiarte en las calles más pequeñas de la ciudad, y pasas frente al escaparate de una tienda de fotos en el que cinco parejas de recién casados te devuelven la mirada exultantes bajo un cartel que dice “Elige a tu pareja de manera que puedas decir: podría escogerl@ más guap@, pero no mejor”. Los observas un instante y te preguntas qué tipo de sonrisa lucirán ahora.
Camino del centro, descubres que, fiel a su cita de todos los miércoles, un treintañero cool hace sus compras en una frutería. No puedes evitar volver a preguntarte qué comprará y a qué se dedicará. Y apuestas por manzanas y periodismo.
Los bajos de los edificios han dejado de protegerte, la lluvia se libera, pero has decidido darle una tregua a tu paraguas por temor a reducirlo a un cadáver violeta.
Mientras cruzas un semáforo en rojo, te aferras a tu gorro como a un escudo medieval, agradeciendo no haber elegido para hoy tu muy permeable cazadora vaquera. Tus tobillos se arrastran pesadamente bajo el agua acumulada. Venderías tu alma a Neptuno con tal de no encontrarte con nadie conocido, sólo deseas ser una mancha de color anónima más entre ese océano evitativo de paraguas.
Ves pasar los escaparates de Yves Rocher, Miss Manuki y FNAC distraídamente y a toda velocidad, mientras reafirmas cada uno de tus pasos como si caminaras sobre los peldaños de una escalera imaginaria. Y, de repente, llegas. Y reordenas rápidamente tu revuelta melena antes de cruzar al otro lado. Al lugar donde el entorno deja de ganarle la batalla a las personas...
06 enero 2009
Una hora más

Ideas, sentimientos, proyectos, objetos, apegos...
Este “síndrome de Diógenes emocional” funciona como un lastre vital de terribles consecuencias. La gente que lo padece suele llegar siempre más tarde que el resto. Su cansancio y palidez los delata. Llueve en sus zapatos y duermen con demasiadas personas en la cama.
Anoche, durante esa hora de más, en la que todo parecía prestado, robado, fantásticamente real, yo te dije adiós y tú me besaste. Un trueno nos partió en dos y corrimos a refugiarnos a otro adverbio, de otra duda, en otro idioma, antes de que nos alcanzara la lluvia...