15 octubre 2010

Lo que se puede guardar en un pañuelo



Mientras el cliente repetía por segunda vez “¡No tengo todo el día, joven!”, la dependienta pensaba que aquello iría directamente a su cuaderno de anécdotas.
Tan sólo dos minutos antes, un hombre mayor, impecablemente trajeado, había extendido sobre el mostrador un pañuelo de bolsillo que contenía 13 piezas de lo que originalmente había sido un teléfono móvil.

- Se cayó en plena carretera y un par de coches le han pasado por encima. ¿Puede arreglarlo?- increpó
- Bueno, pues...
- ¡Puede tocarlo, criatura! ¡No está usado!- insistió.

La chica, con toda la paciencia de que fue capaz, le explicó que en ese caso concreto, lo más práctico y económico sería comprar uno nuevo, pero el anciano la interrumpió antes de terminar la frase:

- El dinero no es un problema. Hagan lo que tengan que hacer.
- Señor, si lo que necesita es un móvil urgentemente, estoy segura de que cualquiera de los modelos que tenemos...
- No se impaciente. Ya le compraré uno de sus malditos trastos, pero ustedes arréglenme este.

La dependienta frunció los labios, colocó los manos firmemente sobre el mostrador y tomó aire antes de proseguir:

- Bueno, eso puede llevarnos mucho tiempo. La mayoría de estas piezas son inservibles. Y, si le soy sincera, no estoy segura de que nuestra empresa realice arreglos de ese tipo. Supongo que habría que enviarlo a la fábrica original y será un proceso largo y costoso. ¿Está seguro de que quiere arreglarlo?
- Ya le he dicho que sí
- Perdone mi indiscreción, ¿pero acaso contiene algún número o archivo que necesite en estos momentos? Si usted quiere, en lugar de repararlo, podría intentar extraerse...
- Ahórrese la charla técnica, muchacha. Lo que mi móvil contenga no es asunto suyo. Simplemente, arréglenlo, tarde lo que tarde y cueste lo que cueste. Cuando lo tengan listo, escríbanme a esta dirección.

Y, tras ese último izquierdazo a la lógica de la joven, le entregó una tarjeta, se dio la vuelta y desapareció.

Dos meses después, el mismo anciano volvía a salir de la tienda, esta vez con el teléfono totalmente reparado. Sentado en un banco, entre un cartel publicitario y una papelera, contempló el aparato largamente antes de decidirse a encenderlo, pero una vez dado el paso, con las manos temblorosas, fue directamente al archivo de fotos. Tras comprobar su contenido, sonrió aliviado, extrajo otro móvil, y reenvió una imagen del viejo al nuevo aparato.

- Estos trastos nuevos tienen unas pantallas enormes y mucho más nítidas- musitó- ahora podré volver a verte.

Con emoción contenida, acarició brevemente la imagen del labrador blanco que le devolvía la pantalla, y, en un gesto rápido, arrojó su viejo y costosísimo teléfono móvil a la basura.

14 comentarios:

  1. El contenido importa más que el continente. Quiero decir, que cuando pierdes un teléfono, pierdes mensajes, fotos, videos y llamadas que son una parte importante de tu vida. Al menos su testarudez tuvo recompensa. Feliz melancolía.

    Kisses

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  2. Una foto. Ha de evocar miles de otras cosas.



    ¡Saludos!

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  3. cuando ví la foto y el título pensé que eras afortunada: Gary Cooper en tu pañuelo!
    Después me encontré con el señor y su labrador fotografiado, toda una sorpresa, gracias.

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  4. Demos gracias porque siempre prevalezcan los sentimientos más básicos frente a todos los cacharros que el ser humano pueda llegar a inventar, luego romper, reparar, deshechar sin miramientos y pasar página.

    Lo esencial siempre debería prevalecer. Bonita historia, tiene fuerza.

    Buenas noches! =)

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  5. Sobra una h, me disculpas.

    "En echar, lo primero que se echa es la hache" me dijo un francesa que estudiaba español una vez.

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  6. seguro que pudo escuchar sus ladridos. segurísimo.



    sonrisa

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  7. Seguro que pregunto una estupidez... pero no le dijo la muchacha si podía sacarle algún tipo de información? En la memoria se guardan esas cosas, no? Lo siento, es que me había imaginado otra cosa :(

    Un beso enorme!

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  8. Siento desilusionarte, Nitya.

    No sé si entiendo tu pregunta. El aparato estaba destrozado y cada pieza tuvo que ser reconstruida. Guarde donde guarde las fotos en el móvil (y no siempre están en la memoria), para el hombre (que no entendía demasiado sobre nuevas teconologías) era vital no revelar, no sólo su falta de conocimientos, sino el motivo de su excentricidad.

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  9. Oh.
    Sigues escribiendo muy muy bonito.
    Un beso

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  10. A estas alturas de la película el analfabetismo tecnológico sigue siendo mucho más inofensivo que el otro. Sí, ya sabes, el que puedes ver por todas partes.

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  11. Me ha encantado. No me imaginaba ese final animalista.
    Un beso, muy tardío mi comentario, lo sé.

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