16 julio 2017

Uno de estos días



Uno de estos días saldré de casa sin esperar que los músicos callejeros me transmitan un mensaje cifrado.
Haré la compra y no te desplegarás bajos mis pasos
como un mapa,
Y escucharé pronunciar tu nombre
sin que me pinchen las 5 puntas de su estrella.

Uno de estos días serás otro fantasma deshilachado, educadísimo, etéreo,
recorriendo el patio del “Sentido común”, “la Maldita Realidad”
y el “Olvido”.

Uno de estos días la amargura se liberará de la última soga
y saldrá a pasear, a plena luz, en su carroza.

Uno de estos días rodarán naranjas por el suelo.

Uno de estos días…
nada.

*

23 junio 2017

Verano



Me agota buscarte en los cuerpos de otros hombres, en los rostros que desfilan como hormigas con un propósito específico y ajeno, y en las miradas desafiladas que se sacuden fácilmente. Me agotan las horas como montañas de papel arrugado, la estrategia del pájaro invasor en el andén y la condescendencia envenenada del hilo musical. Me agota la presencia ondulante del mar y la sensualidad del musgo. Me agota el mantra bajo tu ropa y el olor a tierra seca mojada. Me agota la luz, tan despierta, como de planeta recién estrenado. Me agota el tórrido mango de la tetera y el té de las tardes. Me agota el dócil largo de mi falda. Me agota tu ausencia caníbal. Verano malditísimo, me agota la paciencia. 

*

18 junio 2017

¿Por qué lo llamamos girasol si sólo gira al principio?



¿Por qué no perseguí tu nombre hasta las raíces del cuento?
¿Por qué nos observé desde mi cauto pupitre en primera fila?
¿Por qué no madrugué como el narciso tenazmente amarillo?
¿Por qué la ávida loba contuvo su fuerza arrolladora?
¿Por qué no recogí tu sonrisa del suelo y planté un huerto?
¿Por qué no desterré más botones de mi blusa?
¿Por qué respeté los musicales códigos del ritmo y del misterio?
¿Por qué no establecí mi reino en tu clavícula?
¿Por qué no cobijé al gorrión entre tus dedos?
¿Por qué no arranqué todas las cabezas de Medusa?


*

11 junio 2017

Discomfort Zone



He bailado al otro lado de las vías del tren,
mi piel de luna era un ticket hacia un Darjeeling improvisado.

Llevaba el arco de Artemisa y los versos de Afrodita
y apuntaba con ambos en la misma diana,
en la misma manzana.

Aprendí a cortar las primeras pieles como el despertar, irrevocable, deshila un mal sueño.

Reescribí las contraseñas del bosque y de los cuentos (Me convertí en príncipe, me convertí en mago, me convertí en dragón).

Escalé a la beatleliana azotea de Apple Corps, micrófono en mano, para cambiar mi historia, para que aquel fuera el primer concierto y no el último,
pero el público ya se había marchado.

¿Hasta dónde habría llegado?

¿Hasta dónde habría llegado por ti?    


*

06 junio 2017

Ilusión óptica/Cerca del amor




En el amor sólo debería haber dos distancias,
dos alunizajes:
años luz y superficie solar.
Todo lo que se encuentre flotando indefinidamente entre la fría lejanía y el fuego magnético,
aunque solo sea a un centímetro,
es como la luz de Betelgeuse cuando acaricia la tierra:
ya no existe.


*

04 junio 2017

Cocodrilos (Terror en el hipermercado)




Deberían evitarse los “cementerios de recuerdos”
como deberían evitarse los supermercados.
A veces son la misma cosa
rituales ineludibles, como una enfermedad infantil.

Ambos
tienen bocas azules
y cola de reptil.
Muerden siempre.

Un cocodrilo mordió mi estómago
cuando creí verte hoy.
Caí al suelo de noviembre
y se abrieron mis costuras.

Los violines del Banco de alimentos
Rivalizaban con los de Médicos sin fronteras.
¿Qué más da qué orquesta toque hasta el final?
El barco se hunde…

*


03 junio 2017

Bizitza luzea da *




Sábado por la noche. Estás fuera, en “social mode”, vestido con tu uniforme favorito: vaqueros, camisa o camiseta y sneakers. Los ojos azules desnudos, sin gafas. Todo tú hueles a “Eau de party” y escaneas con una mirada rápida a la chica perfecta en cada garito. Esta noche reirás, beberás y, ocasionalmente, fingirás pasártelo bien. Tu cabello rubio “neonizará” sobre los fondos noctámbulos. Si no hay una kanojo que te garantice una sesión erótica privada, invocarás a los dioses del sexo como recompensa de la semana. No debe resultarte muy difícil ser escuchado. Un breve contacto visual, cuatro frases concretas, tu sonrisa de cachorro y una guapa veinteañera tocará distraídamente tu brazo, tus hombros o tus manos de ilusionista. Y antes de darte cuenta, la magia, como la gravedad, hará el resto, y os estaréis enrollando en el local, contra las paredes, finalmente en algún cuarto. Tal vez sea un cuerpo reincidente. Tal vez aspire a serlo. Lo mismo da. No pensarás en nada. No pensarás en nadie. Serás una máquina de carpe diems, todo presente, todo inconsciente. Te centrarás en tu propio placer y estallarás como lava lujuriosa sobre toda tu vida, cubriendo temporalmente cada hueco, cada mal recuerdo, cada cicatriz, cada espina; confiando en que el orgasmo te reinicie y te reactive para tolerar los escombros acumulados de la semana. Todavía no hay demasiados, ni demasiadas nocheviejas oxidadas. Eres joven. La amargura aún no se ha instalado en tus hombros. La desilusión no te llena la boca. Olvidas pronto. Quedan tantos cuerpos por vivir. Ni siquiera piensas en ella. La chica con el nombre opuesto al tuyo. Lo más probable es que no vuelvas a verla. No importa. Ojos que no ven, corazón que no siente. Bizitza luzea da. Quedan tantas camas por vivir. Acabas de correrte. Eres joven. Cuando la vida es un mar de posibilidades, ¿quién necesita extrañar una gota?  



*(Traducción del euskera): La vida es larga.

*
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