26 junio 2014

La posibilidad de ti




El contrahechizo de la dispersión de la arena
La envergadura de un águila cuando le estrena un traje el viento
El coro de una sirena
Las mayúsculas en los puentes
Las minúsculas en los fruncidos  
La metálica muerte del eco de las latas
Un sombrero como escudo contra el viento
Un violín afinado
Una bandeja
Una golondrina reorientada.


*

20 enero 2014

Ekaitz




Una tormentosa tarde de julio, en el instante preciso en que salía del cine, un rayo cayó sobre mi madre. Al parecer, entró por su cabeza y escapó pérfidamente por un pie, para hundirse finalmente en las entrañas de la tierra. Las quemaduras fueron tan graves que tuvieron que hacerle varios injertos en “la zona de salida” y jamás superó su cojera y su fobia a las tormentas, pero, milagrosamente, sobrevivió. Haciendo gala de un misticismo que no había exhibido hasta la fecha, aseguraba que nunca supo a ciencia cierta qué parte de sí misma le había arrebatado el rayo, pero estaba convencida de que la había elegido como receptora o “puerta a este planeta” por alguna razón.
Lo más insólito del caso, es que en aquel extraordinario momento, nadie, salvo ella misma, sabía que estaba embarazada de tres meses. Como es natural, al conocer la noticia cundió el pánico generalizado en mi familia. Amparándose en la excepcionalidad de la situación, todos estaban de acuerdo en que era más que probable que el rayo, durante su ataque oblicuo, hubiera atravesado al bebé en algún punto, dañándolo sin remedio. Sin embargo, y para sorpresa familiar, una serie de exámenes y pruebas revelaron que el niño, no sólo había sobrevivido, sino que se encontraba en perfecto estado de salud.
 
Durante mucho tiempo nadie pudo encontrar un precedente similar. La posibilidad de ser alcanzado un rayo es del 1 entre 3.000.000 millones. ¿Cuántas posibilidades hay de que, además, caiga sobre una mujer embarazada? En el momento en que se confirmó oficialmente que el niño nacería sin secuelas, mi madre supo instantáneamente cuál sería su nombre, Ekaitz, que significa tormenta en euskera.
Y, ahora que sabes la historia de mi nombre, querido lector, debes conocer la historia de mi muerte, que es la misma.
 
[TO BE CONTINUED]

01 enero 2014

ReciclArte o morir




Eso nos dicen todos

No podemos vivir aquí
en el cuenco de mi mano cuando llueve.
La concavidad es tu ala izquierda
siempre sobresale
y te reclama(rá)
ante el primer atisbo de lluvia.




Long lost

Te has escurrido de mi bolsillo
mientras caminaba hacia atrás
para encontrarte.
No sé en qué momento
te he perdido
entre la muralla y la luna.




Rebajas en romanticismo

Nunca hay rebajas en romanticismo,
ni en cuentos de hadas
con finales dudosos.
Ante un precio siempre desorbitado,
brutal,
desatinado,
sólo puedes
elegir:
¿al contado
o a plazos?

 

 


Si tú supieras…

Si tú supieras…
¿qué sabrías?
¿ si un día abriésemos el periódico
y jugásemos a encontrarlas,
cuántas diferencias encontraríamos
entre tu corazón y el mío?
¿y entre tu espada y la mía?

Si me seccionases
como al tronco de un árbol,
sólo descifrarías mi sangre.

Amor,
si tú supieras…
¿qué sabrías?





Sokatira

La mano derecha tira de mi
la izquierda tira de ti.

El empate era un desgaste necesario,
un viejo funambulista con red, una tirita metálica.

Soy y siempre he sido diestra
pero mi corazón está cansado

de masticar tierra
de tarjetas de hotel,

de esperas en aeropuertos
de columpios que no despegan.

 
Sokatira y…felicidades.
Una vez más

la izquierda brinda
con una copa desierta

en nochevieja.

 


*
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