18 junio 2017

¿Por qué lo llamamos girasol si sólo gira al principio?



¿Por qué no perseguí tu nombre hasta las raíces del cuento?
¿Por qué nos observé desde mi cauto pupitre en primera fila?
¿Por qué no madrugué como el narciso tenazmente amarillo?
¿Por qué la ávida loba contuvo su fuerza arrolladora?
¿Por qué no recogí tu sonrisa del suelo y planté un huerto?
¿Por qué no desterré más botones de mi blusa?
¿Por qué respeté los musicales códigos del ritmo y del misterio?
¿Por qué no establecí mi reino en tu clavícula?
¿Por qué no cobijé al gorrión entre tus dedos?
¿Por qué no arranqué todas las cabezas de Medusa?


*

11 junio 2017

Discomfort Zone



He bailado al otro lado de las vías del tren,
mi piel de luna era un ticket hacia un Darjeeling improvisado.

Llevaba el arco de Artemisa y los versos de Afrodita
y apuntaba con ambos en la misma diana,
en la misma manzana.

Aprendí a cortar las primeras pieles como el despertar, irrevocable, deshila un mal sueño.

Reescribí las contraseñas del bosque y de los cuentos (Me convertí en príncipe, me convertí en mago, me convertí en dragón).

Escalé a la beatleliana azotea de Apple Corps, micrófono en mano, para cambiar mi historia, para que aquel fuera el primer concierto y no el último,
pero el público ya se había marchado.

¿Hasta dónde habría llegado?

¿Hasta dónde habría llegado por ti?    


*

06 junio 2017

Ilusión óptica/Cerca del amor




En el amor sólo debería haber dos distancias,
dos alunizajes:
años luz y superficie solar.
Todo lo que se encuentre flotando indefinidamente entre la fría lejanía y el fuego magnético,
aunque solo sea a un centímetro,
es como la luz de Betelgeuse cuando acaricia la tierra:
ya no existe.


*

04 junio 2017

Cocodrilos (Terror en el hipermercado)




Deberían evitarse los “cementerios de recuerdos”
como deberían evitarse los supermercados.
A veces son la misma cosa
rituales ineludibles, como una enfermedad infantil.

Ambos
tienen bocas azules
y cola de reptil.
Muerden siempre.

Un cocodrilo mordió mi estómago
cuando creí verte hoy.
Caí al suelo de noviembre
y se abrieron mis costuras.

Los violines del Banco de alimentos
Rivalizaban con los de Médicos sin fronteras.
¿Qué más da qué orquesta toque hasta el final?
El barco se hunde…

*


03 junio 2017

Bizitza luzea da *




Sábado por la noche. Estás fuera, en “social mode”, vestido con tu uniforme favorito: vaqueros, camisa o camiseta y sneakers. Los ojos azules desnudos, sin gafas. Todo tú hueles a “Eau de party” y escaneas con una mirada rápida a la chica perfecta en cada garito. Esta noche reirás, beberás y, ocasionalmente, fingirás pasártelo bien. Tu cabello rubio “neonizará” sobre los fondos noctámbulos. Si no hay una kanojo que te garantice una sesión erótica privada, invocarás a los dioses del sexo como recompensa de la semana. No debe resultarte muy difícil ser escuchado. Un breve contacto visual, cuatro frases concretas, tu sonrisa de cachorro y una guapa veinteañera tocará distraídamente tu brazo, tus hombros o tus manos de ilusionista. Y antes de darte cuenta, la magia, como la gravedad, hará el resto, y os estaréis enrollando en el local, contra las paredes, finalmente en algún cuarto. Tal vez sea un cuerpo reincidente. Tal vez aspire a serlo. Lo mismo da. No pensarás en nada. No pensarás en nadie. Serás una máquina de carpe diems, todo presente, todo inconsciente. Te centrarás en tu propio placer y estallarás como lava lujuriosa sobre toda tu vida, cubriendo temporalmente cada hueco, cada mal recuerdo, cada cicatriz, cada espina; confiando en que el orgasmo te reinicie y te reactive para tolerar los escombros acumulados de la semana. Todavía no hay demasiados, ni demasiadas nocheviejas oxidadas. Eres joven. La amargura aún no se ha instalado en tus hombros. La desilusión no te llena la boca. Olvidas pronto. Quedan tantos cuerpos por vivir. Ni siquiera piensas en ella. La chica con el nombre opuesto al tuyo. Lo más probable es que no vuelvas a verla. No importa. Ojos que no ven, corazón que no siente. Bizitza luzea da. Quedan tantas camas por vivir. Acabas de correrte. Eres joven. Cuando la vida es un mar de posibilidades, ¿quién necesita extrañar una gota?  



*(Traducción del euskera): La vida es larga.

*

31 mayo 2017

6 flores antes




Resultó que, tras un año sin flores, la orquídea no se había marchitado, sino que estaba “en barbecho”. El ciclo de la vida-muerte-vida culminó, por algún capricho compensatorio, con 11 capullos, el doble de los que habían florecido hasta la fecha. No importa cuántas veces lo hayas vivido, siempre es un casi un truco de magia. Al comienzo surge un palo, una insulsa varita mágica de la que acaba abotonando la que posiblemente sea la flor más elegante y voluptuosa del planeta. Y no puedes evitar sentirte fascinada.

Lo confieso: inconsciente y estúpidamente, asumí que no podía ser casualidad que la orquídea y tú “brotáseis” a la vez, entonces, cuando nadie os esperaba, en lo más crudo del crudo invierno.

Ese año el frío fue más tolerable porque llevaba implícita una hermosa, aunque quizá efímera, promesa doble. Marzo y abril fueron fieles a su esencia, precipitando y recibiendo. Surgieron las caricias y las flores, el paladar visual se aclimató al color y el tacto se acostumbró al calor. Todo era gozosa y prometedoramente primaveral, pero en el cénit de todas las cosas, justo cuando había florecido la quinta flor, desapareciste como si te hubieran arrancado de la corteza del planeta, demostrando que no había nada insólito ni especial en aquella primavera. Sin embargo, continuaron llegando puntualmente las flores (la sexta, la séptima, la octava, la novena…), como hermosos turistas solitarios a una tierra donde no los espera nadie. Y yo no puedo evitar preguntarme por qué el amor siempre es una promesa que acaba 6 flores antes.

*

22 mayo 2017

Capítulo 8/Epílogo




Para A.
Odio la palabra nunca,
Odio la palabra siempre,
Odio el maldito significado de tu nombre,
Odio el cínico mes de mayo y su imposición modernista,
Odio los fuegos artificiales empapados de lluvia,
Odio tu look de príncipe Disney del siglo XXI,
Odio tu cabello rubio, tus ojos azules, tu aspecto de guiri extraviado,
Odio tu masculinidad de sauce,
Odio el río que translucen tus gafas,
Odio tu sonrisa perfecta a lo Ryan Gosling,                             
Odio la potencialidad de tus manos,
Odio tu timidez adolescente y su polaridad de azufre,
Odio tus promesas de celofán perfumado,
Odio las inflexiones de tu voz de nebulosa,
Odio las baldosas amarillas que recorrí de tu mano,
Odio el final pre-escrito en mis zapatos de rubíes,
Odio tu silencio de cuchillo lorquiano,
Odio la dictadura de la fecha de caducidad de los contratos,
Odio tu truco final, a lo prestige de un mago,
Odio el hueco sideral que ha perforado tu ausencia,
Odio la crueldad inconclusa de los zarpazos,
Odio la piedra de luciérnaga que robaste,
Odio la exactitud matemática del látigo,
Y, sobre todo,
Odio tu camisa
abandonada
como un kanji impronunciable.

*
Related Posts with Thumbnails