24 diciembre 2009

Las tres figuras




En compensación por el olvido de su décimo cumpleaños, el tío favorito de Charlotte le prometió un regalo aún más especial de los que la tenía acostumbrada. Él sabía que sus gustos refinados y su particular y alternativo modo de vida ejercían una mala influencia sobre la niña. Era culpa suya que a Charlotte le fascinaran las antigüedades, la geología y los objetos extraños, lujos que quedaban fuera del alcance de sus padres. Sin embargo, en una vieja calle de Viena, acababa de descubrir el local perfecto y el regalo perfecto para su sobrina y, una vez más, no pudo resistirse.

Nada más abrir la puerta, Charlotte descubrió que la tienda era aún más deslumbrante de como la había imaginado. Pesadas y sobrias estanterías de nogal contenían una ecléctica y singular colección de caleidoscopios, snowglobes, joyeros y cajas de música. Pero ante su curiosidad analítica, eran los tableros de ajedrez o de damas delicadamente tallados, los que competían en fascinación con telescopios, brújulas, relojes de arena y extraños objetos sin identificar.

El dependiente, que para sorpresa y decepción de Charlotte, en lugar de un venerable anciano era un joven veinteañero, les sonrió cómplice desde el otro lado del mostrador.

- Tu debes de ser Charlotte
- Sí - respondió ella tímidamente
- Me han hablado mucho de ti, ¿sabes? Creo que tengo algo que puede interesarte...

Segundos después de desaparecer tras una puerta, el joven depositó sobre el mostrador tres pequeñas cajas de cartón. A Charlotte se le hizo un nudo en la garganta. Su intuición infantil le indicaba que algo inusual e increíblemente mágico se escondía en aquellas cajas. Con primor y cierta ceremoniosidad, el dependiente extrajo, uno a uno, el contenido de las tres cajas. Charlotte tuvo que hacer un esfuerzo para no agarrar los tres tesoros que había ante ella y salir corriendo de la tienda. Pero en su lugar, la futura científica que habitaba en ella, tomó el mando:

- ¡Que maravilla! ¿De qué son?
- Este pequeño elefante que tienes delante ha sido tallado con un nuevo mineral extraído de un lago volcánico en Geysir, Islandia. Su particularidad, además de su belleza inquietantemente azul, es que siempre permanece caliente
- ¡Wow, es precioso! ¿Y esta de aquí, qué es?
- Esta... bueno, es una de las piezas más especiales de nuestra colección, ¿sabes? No es posible encontrarla en ningún otro lugar del mundo. ¿Tú que ves, Charlotte?
- Un colibrí
- Yo veo un phoenix. ¿Y tu tío?
- Un aguila- aclaró este sonriente
- ¿Y cómo es eso posible?- inquirió la niña
- Porque está hecha con un 50% de materiales reales y un 50% con, digamos, material “fantastico”...
- ¿Y el material real hace que...?
- Todos sean la ave de nuestra elección, sí

Reservando lo mejor para el final, como era habitual en ella, Charlotte no pudo evitar preguntar por el tercer tesoro.

- Voy a confesarte una cosa, jovencita. Esta es mi favorita. También es la preferida de tu tío y el motivo de que tú estés aquí
- Es maravillosa.... ¿De qué está hecha?
- Bueno, no puedo decírtelo con seguridad. Aunque sospecho que sólo el único o los únicos que lo saben con certeza son sus fabricantes. Lo que ves, está 100% fabricado con materiales irreales, por así decirlo
- ¿Me la puedo quedar?
- Sabía que te encantaría- sonrió complacido su tío- si la quieres, tuya es, aunque antes debes decirme qué has visto
- Una sirena
- ¡Estupendo!- repondió éste mientras extraía su cartera

Un mes más tarde, una sofocada y acelerada Charlotte, irrumpía precipitadamente en la misma tienda. La prisa de la carrera había desprendido varios mechones de su coleta, mientras que sus largos calcetines escolares se encontraban a la altura de los tobillos. Antes de poder quitarse la mochila, fue sorprendida por el dependiente

- ¡Que sorpresa, jovencita!. No esperaba verte tan pronto por aquí. ¿Acaso tienes algún cumpleaños o...
- Quiero devolver la figura
- ¿Qué?- el chico dio un paso atrás, como si la niña hubiera extraído un arma repentinamente
- Ya no la quiero- afirmó tajante
- ¿Prefieres el pájaro ahora?
- No. Quiero el elefante
- ¿Puedo preguntar por qué?- inquirió anonadado el joven
- Siempre pongo en mi mesilla mi juguete preferido o mi último descubrimiento. A veces es una nueva piedra, otras un libro...
- ¿Y?
- Cuando tengo pesadillas, me despierto y lo acaricio, entonces me siento mejor
- Creo que sigo sin entenderte...
- Yo... necesito algo real antes de dormirme por las noches




Dedicado a
tod@s los que como Charlotte o la Cecilia de La rosa púrpura de El Cairo, ante la disyuntiva de realidad o ficción, se han visto obligados a elegir lo primero. Merry Christmas.

06 diciembre 2009

The "agar-agar" quality



En el despacho del jefe:

- Me han dicho que quería verme, señor Uriarte
- Efectivamente, Gómez, siéntese
- ¿Y bien? ¿Qué es eso tan urgente que quería comentarme?
- Me temo que tengo malas noticias para usted
- ¿De que se trata?
- Está despedido
- ¿¡Cómo.... !?¿Por qué?
- En los casi cinco años que lleva trabajando para nosotros, ni una sola vez ha llevado máscara. Hasta ahora hemos hecho la vista gorda porque era usted un trabajador excepcional y tenía muchas cualidades que lo compensaban, pero lamentablemente, una serie de desafortunadas circunstancias nos han confirmado que toda máscara es imprescindible
- ¿Me está diciendo que mi único fallo ha sido no llevar... careta?
- Exacto
- ¿Y no es algo que se pueda remediar?
- Me temo que no
- ¿Pero no es mucho más cómodo y económico para la empresa que yo comience a llevar careta, que contratar a un nuevo empleado y formarlo en...
- Desgraciadamente, Gómez, esa opción queda descartada
- ¿Por qué?
- Por que se tardan años en construirse una careta. Y ambos sabemos que usted es muchas cosas, pero no es un buen actor...
- ¡Déjeme intentarlo, señor Uriarte! ¡Estoy dispuesto a maquillarme si es preciso! ¡Póngame a prueba!
- Me temo que eso es imposible. La decisión ya está tomada. Lo siento
- Está bien. Dígame, al menos, que tipo de males irreparables he causado durante estos años
- Es usted... como esas algas transparentes que sirven en los restaurantes chinos, Gómez. Todo el mundo puede ver lo que hay debajo
- ¿Y eso es muy malo?
- Es catastrófico. Si se ha muerto su perro, le cae mal fulanito o hace tiempo que no moja, es incapaz de disimularlo. Dos personas acabaron con el brazo engrapado por comparar diariamente los atributos de los protagonistas de Crepúsculo; y su sarcasmo patológico casi empujó al suicidio a Martínez, el que se peina con cortinilla. Como comprenderá, esta actitud, además de nada profesional, afecta directamente al resto de sus compañeros
- Bueno, yo creo que en mayor o menor medida, eso nos pasa a todos. Quiero decir, que por mucho que se intente, no se puede ser un presentador de TV las 24 horas del día, ¿no?
- Pero se disimula lo que se puede. No está usted solo en el mundo, ¿sabe? Además, también está el problema de la honestidad brutal....
- ¿Honestidad brutal?
- Sí, sí, esa sinceridad hiriente suya que dejaría al Doctor House a la altura de Bob el esponja
- Perdone, pero no entiendo lo...
- ¿Qué fue lo que le dijo a Maria cuando nos trajo a su bebé a la vuelta de su baja maternal?
- Que tenía cara de Gremlin y nunca debería darle de comer después de la media noche
- ¿Y bien?
- ¡Ella me pregunto que si no me parecía el niño más mono del mundo!
- ¿Y por qué no mintió como hacemos todos, Gómez?
- Porque el pequeño gremlin no se lo merecía. ¿Qué bien le hace que todos intenten convencerle de lo que no es?
- Ese no es su problema. Debería haber dicho simplemente que era una monada y punto
- .....
- En fin, Gómez, estoy seguro de que esta información no le sorprende. Debe haber tenido muchos sucesos de este tipo a lo largo de su vida
- Bueno... mis padres me encerraban cada vez que teníamos visita... mis profesores siempre me preguntaban lo que no sabía... las chicas me abofetean a menudo... y más de una vez me han robado la cartera en el metro mientras fingían consolarme...
- ¿Lo ve? Todos estos problemas podrían haberse evitado si se hubiera acostumbrado a llevar máscara desde una edad temprana
- ¿Pero y si siempre hubiera llevado una y al llegar a casa, al final del día, no pudiera quitármela? ¿Y si a fuerza de mentir y disimular hubiera olvidado quien soy?
- ¡Por Dios, Gómez, no me sea melodramático!. Ese es el riesgo que hay que correr. Además, mírelo por el lado positivo: también podría ser Batman...



20 noviembre 2009

Espaldas como muros



¿Dónde estaba yo cuando cayó el muro de Berlín? Mi memoria histórica registra los acontecimientos en fotogramas, nunca en secuencias. Los fotogramas se transforman en cadenas sinestésicas y, de repente, una canción en la radio o un tarro de mermelada, me trasladan a Berlín. Casualmente, muchos de mis caminos partieron de allí, porque ese 9 de noviembre, a 4000 km de distancia, también cayó mi muro.

¿Han odio hablar de esas grandes cantidades de excedentes de las plantaciones que se pudren y nadie aprovecha? Así había sido mi vida amorosa: una enorme cosecha desperdiciada. Y todo porque quince años atras me habían roto el corazón.
Durante todo ese tiempo, más que vacío, me sentía anestesiado. Casi podía observar mi vida y todo lo que formaba parte de ella a cámara lenta y con subtítulos, como si fuera una maldita película muda.

Cuando le conocí, yo era un matemático de mediana edad y él tan sólo un universitario. Bajé mis defensas, porque todo parecía tan predeterminado como una buena canción pop corta. Por mucho que quieras estirarla, incluso aunque la escuches varias veces seguidas, resulta agridulce porque no puedes evitar su precipitado final. Pero alguien pulsó la techa de pause y comencé a redimensionar mi vida, a recolocarla a través de todo lo que él me lanzaba, como los radares y los murciélagos. De repente, todo eran ecos de su cuerpo, su ropa, su nombre, su maleabilidad. Fue como vivir una segunda adolescencia. Sentía una acuciante y dolorosa mezcla de deseo y ternura, de ganas de arrancarle la ropa y acunarlo al mismo tiempo; y tuve que atarme la lengua y los brazos, como si yo mismo me hubiera colocado una camisa de fuerza.

Pronto comenzó la furia. Tenía el ansia de un quinceañero y la carga de la frustración de mis 40 años. De repente, era otro Eduardo con tijeras en lugar de manos que se muere por tocar, así que comencé a pegar, a veces indiscriminadamente. Provocaba a tipos indeseables o me iba a locales en los que antes no habría entrado ni muerto, y llegaba a casa amoratado y cubierto de sangre. Prefería sentir la resaca de ese otro dolor por la mañana siguiente. Dos culpas distintas buscan diferentes castigos y a veces se anulan la una a la otra. Sin embargo, por primera vez en muchos años, no me sentía anestesiado, al contrario. Me encontraba tan hiperactivo que no podía dormir, sólo quería gritar. Gritar, golpear y follar. Me aparecía una buena combinación.

Ese 9 de noviembre tenía el cuerpo tan machacado que mis dos únicas posibles opciones eran urgencias o emborracharme. Cara o cruz. Desde un pub en el que solía espiarle, lancé una moneda al aire y antes de poder comprobar mi destino, note un muro de calidez contra mi espalda y un par de brazos cruzando mi pecho. Instantaneamente, mi cuerpo se relajó y mutó, cambió de forma como si de repente hubiera pasado de sólido a líquido. En ese instante, cayeron al suelo todas mis defensas como pequeñas matrioskas y las vi romperse, una a una. Recordé muchos, demasiados años de exilio de las yemas de los dedos, de alfileres imantadas, de desmembración, y mis ojos se llenaron de lágrimas. “¿Por qué has tardado tanto?” le dije o me dije. No me respondió. Se había cerrado la navaja de Ockham. Finalmente, podía volver a tocar y ser tocado, transversalmente, como se toca la raíz o la música. Y a partir de ahí, fotogramas...

04 noviembre 2009

Introyección (second and last part)



Veinte años después, otra lluvia igual de intensa preconizó la audición más importante de su vida. Con la guitarra en la mano izquierda y los dedos cruzados en la derecha, Jim entró tímidamente en el hall y ocupó su asiento cerca de una espectacular sosías de la cantante Nico. Un saludo incomodo los escudó el uno del otro. El cuerpo del joven temblaba visiblemente, mientras intentaba concentrar su atención en el poderoso contraste cromático entre la guitarra blanca y el abrigo rojo de la abstraída cantante. Su objetivo era liberar de su mente el terrorífico pensamiento que más que un mantra supondría una invocación: “¡por favor, por favor, no aparezcas!”.

Una apática voz llamó a la rubia germánica y el espacio vacío pareció engullirle de repente. Inconscientemente, James se llevó la mano a su hombro izquierdo, como intentando acariciar la cicatriz que había debajo. Doce años atrás, justo cuando estaba a punto de conseguir el tanto definitivo en su mejor partido de baloncesto, el hombrecillo de verde se le apareció sentado en la canasta gritando con su sempiterna voz chillona “¡no lo conseguirás!”. A consecuencia del susto, cayó al suelo, arrastrándo a dos de sus compañeros con él. Desde entonces, su hombro había limitado muchos de sus movimientos. De 360º a 180º. A Jim siempre le había parecido irónico lesionarse la articulación más flexible.
Mientras abrazaba nerviosamente su vieja fender acoustic y repasaba su repertorio, notó un familiar y aterrador olor, mezcla de incienso, acre y nicotina. Un humo verde le cegó los ojos. Había vuelto.

- No puedes dejarme en paz ni por una sola vez, ¿verdad?- espeto James amargamente
- Ni siquiera tú eres tan ingenuo como para creer que voy a perderme este momento, Jimmy

Odiaba escucharle pronunciar su nombre con aquella falsa amabilidad excesiva. Parecía un profesor sin escrúpulos que intenta humillar al niño más débil de la clase.

- Me han seleccionado. Les gusto y tengo posibilidades. Ni siquiera tú puedes cambiar eso
- Pero aún no estás dentro de la banda. Y en tu interior sabes que ese honor te queda grande- los aros de humo que escapaban de la boca del hombrecillo parecieron expandirse hasta ocupar toda la habitación
- ¡Te equivocas! ¡Llevo años preparándome, puedo hacerlo!- contraatacó el joven
- No puedes, ningún Rygalski puede hacer nada extraordinario. Eres presa de la maldición y también tus futuros retoños... si algún día los tienes
Jim le taladró los ojos con asco infinito
- ¿Recuerdas a Evie? Ella pudo haber sido la elegida...
- ¡Tú te encargaste de que no lo fuera, cabrón!
- Che, che, Jimmy, esa agresividad no te va. Tú siempre has sido un buen chico. Tan bueno, que ni siquiera te la... - un gesto obsceno acabó la frase
- ¿Pretendías que lo hiciera estando tu delante? ¡Cada vez que aparecías estando con ella, yo...!- James sentía palpitar dolorosamente sus sienes. El hombrecillo dio una calada que pareció interminable a su pipa antes de proseguir
- Tranquilo, semental. Sé que no has tenido problemas de rendimiento con otras. Pero tú no querías simplemente follártela, Jimmy. La amabas y no estabas dispuesto a convertir vuestro binomio en un triángulo. Querías protegerla de mi. Es una lástima que ella no fuera tan comprensiva...
- Es cierto, tienes el puto don de la oportunidad, felicidades. Pero esta vez no, ahora todo es distinto
- ¡No me digas! ¿Qué ha cambiado, perdedor?- pronunció con sorna
- Yo... sé cómo acabar contigo
- ¿Qué vas a hacer? ¿aporrearme?¿armar un escándalo delante de tus potenciales compañeros?¿dañarte los deditos?
- No- James sintió el irresistible impulso de estrangularlo con las cuerdas de su guitarra
- ¿Qué crees que puedes hacer que no hayan intentado otros antes que tú?
- Cada vez es distinta. No tengo nada que ver con lo que hayan vivido mis padres, mis abuelos o mis tatarabuelos. Para ellos eras real, pero para mi eres un fantasma
- ¿Ah, si? ¿No has tenido suficientes pruebas de mi existencia?
- He tenido pruebas para varias vidas
- Sin embargo, sigues si contestarme. ¡Venga, suéltalo, Jimmy! ¿Qué carajo hay de especial en ti?
- Las únicas veces que tu odiosa voz de pito no puede alcanzarme es cuando canto o compongo. No hay nada que puedas decir o hacer para sabotear esos momentos. Es por eso que creo que mi temprana vocación no es por casualidad
- ¿Ah, no? ¿Y por qué místico designio quieres jugar a los cantantes?
- ¡Canto para romper la maldición, para que mi voz ahogue la tuya y desaparezcas, maldito hijo de puta!
- ¿James Rygalski?- pronunció una tercera voz apática ahora notablemente extrañada
- Sí, soy yo- El joven se preguntó acongojado si aquel hombre esmirriado de pelo largo le habría escuchado hablar solo
- ¿Estás listo?

Jim miró desafiante al hombrecillo verde, cogió su guitarra y pronunció alto y claro: “Sí, lo estoy”. La puerta se cerró, dejando tras de sí un nube indefinida de rabioso humo verde.



"... Soy el ser que no fue, lo que no pudo, la olvidada, desdeñada semilla,
pero existo.
Dentro
tengo un sauce inclinado que me llora.
Un niño triste me llama, sin nombrarme.
Me doy cuenta,
me doy cuenta, yo existo.
Mañana espero despertar, cantando..."

Matilde Alba Swann

03 noviembre 2009

Introyección



Además del cabello negro, los ojos grises y una marcada tendencia al “dramatismo siciliano”, los Rygalski han heredado durante generaciones un extraño y desconcertante rasgo: en los momentos más cruciales y significativos de su vida, un malévolo hombrecillo de ojos saltones y traje verde musgo aparece, surgido de la nada, dictándoles instrucciones o revelándoles supuesta información básica sobre ellos mismos.

Nadie sabe el origen o la causa de tan extraordinario hecho. Cuando Jan Rygalski cruzó el Atlántico desde su Polonia natal en 1925, el “duende terrible”, como él lo llamaba, ya había destrozado el matrimonio de sus padres, causado una embolia a su hermano mayor y llevado a su remilgado tío abuelo al alcoholismo. Pero no fue hasta la primavera de 1956, cuando el secreto familiar salió públicamente a la luz. Tom Rygalski, hijo de Jan, sufrió un inesperado ataque de pánico en una proyección de La invasión de los ladrones de cuerpos. Testigos presenciales aseguran que el joven se levantó histérico de su asiento en una escena clave del film y se dirigió a la pantalla con los puños levantados gritando: "¡sabía que eras un alien, maldito enano cabrón!"

A partir de ese momento, los tests psicológicos, los experimentos farmacológicos y los exámenes neurológicos se convirtieron en una rutina habitual para cualquier miembro de la familia Rygalski. No hubo terapia experimental o nuevo medicamento cuyos efectos secundarios no sufrieran. Sin embargo, tras 50 infructuosos años de tortura al más puro estilo conejillo de indias, la medicina y la psicología tiraron finalmente la toalla y el caso Rygalski acabó enterrado bajo la etiqueta más vergonzosa de todas: origen idiopático.

A pesar de la mil veces asegurada confidencialidad de médicos y psicólogos, su particular historial médico trascendió a circuitos menos privados y los Rygalski alcanzaron cierta merecida fama de pirados en Providence, su ciudad de adopción. Miles, hijo menor de Henry, y conductor de autobús, confirmaba la rumorología popular aterrorizando ocasionalmente a buena parte de sus viajeros. Era un secreto a voces que tenía por costumbre hablar sólo y que cedía temerariamente el volante a un supuesto ser invisible que, en una ocasión, incluso, le instó a robarle el paraguas a una vieja artrítica.

Con semejantes antecedentes, James o Jim, el menor del clan Rygalski, parecía predestinado a convertirse en un Renfield del siglo XXI. Las referencias a los manicomios, las camisas de fuerza y las invocaciones a su supuesto amo, fueron la cruz que el joven tuvo que sufrir desde su más tierna infancia. Sin embargo, en su corta e insólita vida, también hubo pequeños o grandes oasis. El lluvioso día que cumplió cinco años, el pequeño Jim tuvo un insight magico que marcaría su vida para siempre. Mientras caminaba bajo el paraguas agarrado de la mano su madre, se encontró frente a un músico callejero y, sin saber cómo ni porqué, sintió, al mismo tiempo, como el universo entero se replegaba y expandía arrastrándolo con el. Su intuición infantil supo entonces que había vuelto de un largo viaje y que, paradójicamente, no estaba en el mismo sitio. Escuchó gritar a su madre, instándole a volver junto a ella, pero el niño sólo podía contemplar extasiado sus pequeñas manos bajo la lluvia. Sentía como la humedad traspasaba su ropa hasta alcanzarle la piel, pero su emoción era tal que los músculos de su cuerpo se negaban a moverse.

Horas después de que los médicos de urgencias le diagnosticaran catatonia, James se despertó bruscamente, miró a su madre, y con ceremoniosidad adulta le dijo: “yo de mayor quiero ser músico”. En ese preciso instante, desde la esquina opuesta de la pequeña habitación de hospital, una espesa cortina de humo verde reveló a un hombre anormalmente bajito que fumaba en pipa y le miraba con una sonrisa entre irónica y cínica. Aquella fue su primera visita.

[C O N T I N U A R Á]

24 octubre 2009

Una hora más, una hora menos...



Salgo a la calle desde el cálido abrazo del portal y, por primera vez , el frío es la red que me impulsa a saltar al mundo. La luz es débil aún y la calle, perezosamente vacía, parece resistirse a abandonar el día anterior. Mi reloj recién atrasado marca la hora que he estado esperando impacientemente: las 8:30. Me siento llena, nueva e híbrida, pero no sé de qué. La euforia compensa el cansancio del insomnio y me muevo pesada y ligera al mismo tiempo. Siento impulsos de cantar y bailar sobre el húmedo asfalto, pero me conformo con contonearme felinamente, como si caminara sobre una pasarela improvisada.

Al cruzar un paso de cebra, una gélida ráfaga en mi nuca me obliga a subirme el cuello del abrigo. Y siento cosquillas, como si un tren eléctrico interno recorriera, simultáneamente, todas las paradas que surgen entre mis piernas y mi coronilla. Si cierro los ojos, puedo olerte por segunda vez, pero no verte, así que, como pintora aplicada, te divido en partes, las sopeso y decido que la cicatriz sobre tu hombro izquierdo es mi territorio. ¿Cuál será el tuyo? La urgencia de dibujarte es ahora más poderosa que el hambre y, por un segundo, estoy tentada de volver, pero cruzo los brazos en un intento de contenerme, de infundirme paciencia. En una hora, tal vez dos, despertarás. Puede que ya me esperes somnoliento y que desayunemos sobre la cama café con bollitos calientes, y vuelvas a quejarte, como hiciste anoche, de la inexplicable (e incurable) hipotermia en mis manos. Entonces, yo me burlaré de tu acento recordándote cómo se pronuncia realmente lo que tú llamas “imperscrutable”. Y me recostaré sobre la cama con la delicadeza sensual de una odalisca de Ingrés, desabotonaré mi camisa, tomaré tu mano y la colocaré estratégicamente sobre mi pecho izquierdo. “Why always a lefty?” musitarás. “I don’t know”.

La pastelería Gâteau es aún un paraíso inexplorado. Me siento como un Magallanes hipoglucémico dando vueltas y vueltas sobre mi misma, embriagada de olores y colores sin poder decantarme por ninguno. Sé que te gustan los dulces, pero aún no te he preguntado cuál es tu favorito. Finalmente, decido apostar sobre seguro y abandono la tienda con 500 gr de mini y maxi croissants recién horneados.
Las nubes me amenazan, pero les devuelvo una sonrisa de impaciencia. Corro por la calle semivacía y me reencuentro con el paso de cebra con la alegría juvenil de quien recibe a un viejo amigo. Incluso la despejada carretera parece querer saludarme esta mañana. Eludo el hecho de que el semáforo esté en rojo y camino ágilmente entre las rayas blancas. Pero desde el lado opuesto de la rotonda, un coche invade precipitadamente mi espacio. Un grito ahogado, un desesperado frenazo y el parachoques me golpea con violencia en la cadera. Mi cuerpo gira en el aire hasta aterrizar pesadamente sobre el cuello. El mundo entero hace “clack” como si todos sus habitantes hubieran soltado al mismo tiempo una goma gigantesca. Mi boca se llena de sangre y lo último que veo, antes de morir, son los croissants, aún calientes, desperdigados por el suelo...




P.D. Como siempre hay alguien que lo pregunta, sí, es primera persona pero no es autobiográfico. De ser así, estaría escribiendo desde el más allá.

07 octubre 2009

Retroflexión



8:00 AM

Paula llega puntual a su trabajo. Después de tres meses en la redacción de Changing Minds, sus compañeros han decidido otorgarle el título simbólico a la becaria perfecta. Además de inteligente, entregada, solícita e hipereficiente, es la lectora mas rápida que han conocido jamás. Si los mandamases de la revista se prodigaran mucho más en cumplidos que en críticas, la becaria sabría que ha llegado a ser casi imprescindible. Pero lo que sólo Paula sabe y nadie más sospecha, es que además de detestar su trabajo con todas sus fuerzas, odia a su jefe.

Como cada mañana, aguanta estoicamente el chaparrón y nunca se queja, pero cada vez que se siente ninguneada o despreciada por su irascible superior, escribe un sms en la memoria de su móvil. Al principio eran sólo insultos, pero a las pocas semanas, acabaron convirtiéndose en sádicas y creativas nuevas formas de asesinarle. Hoy ha alcanzado la nada desdeñable cifra de 172. A menudo fantasea con la idea de que si su jefe muriera en extrañas circunstancias y por algún motivo su teléfono fuera confiscado, ella sería la sospechosa número uno.

18:00 PM

Paula queda con un desconocido en una de las muchas (horrendas) citas a ciegas perpetradas por sus amigas. Su curiosidad por él se deshace antes que el hielo en la delgadísima copa de cristal que sostiene con indolencia. ¿Por qué oscuro y asqueroso designio del karma siempre acaba con tipos como éste? Es otro de esos hombres que adora trazar líneas paralelas al radio de su ombligo, un intelectual-misántropo que se considera demasiado especial, incomprendido e inteligente para este podrido mundo. Le habla de cine obviando el hecho de que ella ha sido crítico en una web durante dos años y utiliza términos como “audacia formal”, “profundidad de campo” y “renovación de género” para describir una conocida película francesa. Paula está a sólo dos fotogramas de ponerse a gritar, pero en lugar de ello, apura su bebida. Sin embargo, en el momento en que su acompañante comienza a ensalzar con fervor el cine de Lars Von Trier, Paula, incapaz de contenerse, aprieta tan fuerte su copa, que acaba rompiéndola en los siete pedazos perfectos que preconizan el final de la velada. No se hace ni un rasguño.

22:00 PM

Hay días en los que cuesta volver a casa. Bien porque han sido maravillosos y no queremos que acaben, o porque han resultado tan frustrantes que requieren tiempo para poder ser digerirlos. Hoy es uno de esos días. Sentada en un viejo café, Paula da vueltas distraída a su descafeinado con leche de soja, cuando una voz desconocida la interrumpe:

- Disculpa, ¿puedo sentarme? El resto de las sillas están ocupadas
- Sí... supongo

Una rubia con pelo a lo garçon se sienta delante de ella y, sin siquiera pedirle permiso, enciende mecánicamente un cigarrillo. Paula repara en lo mucho que esta mujer se parece a Jean Seberg en Al final de la escapada, pero la venda que lleva alrededor de la mano derecha la distrae de este pensamiento.

- ¿Qué te ha ocurrido en la mano?
- Me he cortado con una copa
- Que casualidad, precisamente yo hoy también...
- Lo sé. Has sido tú, Paula
- ¿Qué...?¿Cómo sabes mi...?
- La copa que te has cargado, me ha cortado a mi, en lugar de a ti, como casi siempre...

Paula la observa fumar entre atónita y aterrorizada al mismo tiempo. Por un momento, se le cruza por la mente que aquello era una broma de sus amigas, cabreadas por el hecho de que hubiera dado carpetazo a un potencial ligue más.

- ¿Quién eres? ¿De qué me conoces?- espetó con sequedad
- Soy tu trastienda, el resultado de aquello que no te atreves a hacer
- ¿¡Qué tú... qué!? ¿pero de que coj..?
- Cada vez que te enfadas, te frustras, te irritas o sientes impulsos homicidas, soy yo la que sufre sus efectos. Para que tú te mantengas mentalmente sana, yo me deprimo, me fustigo, padezco una úlcera o... me corto una mano
- ¿Esto es una broma, verdad?
- Sabes que no, Paula. Yo soy real, muy real
- ¡No te creo!¡demuéstralo!
- ¿Sabes lo caros que me han costado tus 172 sms?
- ... – El poco color que le quedaba a Paula en el rostro, desapareció súbitamente
- Te daré una pista. Tú que eres tan cinéfila, ¿recuerdas cuál es la expresión más bonita del mundo Para Woody Allen, esa que es aún mejor que “te quiero”?
-
“Es benigno”
- Bien, pues estamos
"a punto"
- ¿Estamos?
- Si no me das una tregua, enfermaremos las dos. No podré seguir conteniéndote
- ¿Qué es lo que tengo que hacer?

- Sangrar de vez en cuando, Paula. Eso es todo...

02 octubre 2009

Confluencia



Aquellas angostas calles empedradas siempre habían sido un misterio. Ava creía que si alargaba la mano, podía tocar el otro extremo, pero sólo era uno de los muchos juegos mentales que inventaba en sus paseos. Invasora/invadida nata, no sabía medir distancias. Sus amigos la apodaban Miss Moratón, porque se daba golpes continuamente hasta contra los objetos de su casa. Por eso cuando vio un pequeño gorrión en mitad de una de las viejas callejuelas, no lo pensó. No reparó en el coche que se acercaba. A dos décimas de segundo del desastre, con el animalillo en la mano, mientras el pánico aceleraba un “se acabó” en su mente, sintió que dos brazos la apartaban. Entre la pared y ella, un abrazo férreamente protector. Entonces sintió latir tres corazones, el del gorrión, el de su rescatador/a y el suyo, como coros del estribillo de una misma canción. Apenas podía respirar. El mundo pareció acelerarse, girar sobre su eje 100 veces más rápido de lo normal. Vértigo. Era incapaz de moverse y por alguna extraña razón, los brazos que cruzaban su pecho no la soltaban. ¿Quería que la liberasen? Pasaron 50 segundos o 50 minutos, nunca lo supo, antes de poder mirarle por primera vez.

48 horas después seguía abrazándola. Las sábanas se arremolinaban a los pies de su cama como banderas blancas. El colchón sin funda también parecía exhausto y ahíto en su desnudez azul. Ava repasaba con el dedo sus simétricos dibujos y se descubrió feliz por vez primera. Dos días de tregua contra su cautela y sensatez patológicas por aquel incontenible torbellino de sexo y ternura, ternura y sexo, la habían transformado. No se puede ser la misma persona después de tocar un acorde interno nuevo y desconocido, cuando este te renueva y te completa tan intensamente. Al mismo tiempo, en su fuero interno, tenía la certeza de que jamás volvería a vivir una experiencia tan maravillosamente mágica con nadie. ¿Cuánto podría durar aquello?

Sólo siete meses más tarde, ambos escuchaban la misma música, hablaban casi al unísono y se referían a si mismos en primera persona del plural. Habían llegado a adoptar un look inquietantemente andrógino. Llevaban el mismo corte de pelo y se intercambiaban gorros, pañuelos, gafas y bufandas. Mirándolos de perfil, desde lejos, ni siquiera podías distinguir quien era uno y quien el otro.
Los que los conocían, no sólo argumentaban que nunca los habían visto tan felices, sino que no habían conocido a dos personas más hechas la una para la otra.

Una mañana, sin embargo, mientras Ava se peinaba, durante un angustioso segundo, no reconoció la imagen que le devolvía el espejo. Tuvo la sensación de que una mujer semi-invisible la observaba, pero desechó esa idea rápidamente.
Otro día, mientras caminaban cogidos de la mano por una estrecha acera, un hombre se cruzó en su camino y no pudieron desasirse, de tal forma que, en un torpe giro, acabaron cayéndose pesadamente sobre un coche. Desde entonces, comenzaron al olvidar detalles de su memoria emocional: fechas, amores, recuerdos, lecciones. Aquel fue el principio.

Pero una noche, después de cenar, él le leyó una fábula:

“Los puercoespines de una manada se apretaban unos contra otros para prestarse calor en un crudo día de invierno. Pero al juntarse, se herían recíprocamente con sus púas y tenían que separarse. Al sentir de nuevo el frío se volvían a unir y a pincharse, y otra vez se distanciaban. Esta aproximación y alejamiento duró hasta que encontraron una distancia media en la que ambos males, el frío y las espinas, fueron mitigados”.

Concluida la narración, la miró a los ojos, y le dijo: tú y yo no sabemos encontrar una distancia media entre el calor y el espacio vital. Es hora de soltarse, Ava.

31 agosto 2009

Desensibilización




Cuando tenía 14 años mis amigos me dieron una fiesta de cumpleaños sorpresa. Los más cercanos, incluso, localizaron a los que vivían fuera de la ciudad y firmaron una tregua, a pesar de que, entre sí, apenas podían soportarse. A veces fantaseaba con la sádica idea de que si los reunía a todos en una misma habitación, se crearía alguna perturbación espacio-temporal y los electrodomésticos empezarían a fallar, se fundirían las luces o los aviones caerían irremisiblemente del cielo. Pero nada de eso pasó. Nada explotó, ni siquiera el entusiasmo o la alegría. Permanecí durante toda la tarde en un estado de incomoda impasibilidad emocional, que destacaba penosamente como un cartel de neón al que le faltaban sus caracteres centrales. Nadie podía entenderlo.

Años después, en la universidad, experimenté una respuesta parecida cuando me enamoré de un compañero de clase. Después de meses de flirteos, insomnios agridulces y ataques de margaritas neuróticas, me besó. Habíamos salido de la cafetería y comenzaba a llover, muy débilmente al principio y torrencialmente después. Corríamos bajo los árboles intentando guarecernos torpemente de la lluvia y, tras un mal paso, se resbaló y me arrastró hacia el suelo con él. Entonces ocurrió. No sentí nada. Mis labios y mi lengua respondieron mecánica y desapasionadamente. No se cuanto tiempo permanecimos allí, pero la humedad y el frío se colaron dentro de mi piel, mi cuerpo se puso rígido y comencé a tiritar violentamente. Para tranquilizarlo, le dije que era termosensible, y bromeé con el hecho de que estaba aún lejos de sufrir un ataque de hipotermia. Me creyó.

La última vez, fue hace exactamente cinco meses. A pesar de que la noticia me había caído como una bomba, me recuperé sorprendentemente bien: mi mejor amigo se trasladaba al otro lado del mundo. El billete destino Sydney descansaba sobre uno de los asientos del aeropuerto, mientras yo recordaba una cita de El show de Truman “está tan lejos que si te pasas, ya vuelves”. Él miraba hacia el suelo y comenzaba frases que no podía terminar. Llegó el momento de embarcar y, con el bolso sobre los hombros, reprimió un intento de abrazo que deflectó en un golpe cariñoso sobre los hombros. Entonces me miró con los ojos más desarmantemente vidriosos que había visto en mi vida y lo único que fui capaz de sentir fue culpabilidad, inadecuación y vergüenza. Le vi marchar, como muchas otras veces, y ninguna señal, por muy evidente que fuera, me hizo pensar que pasarían meses, puede que años, antes de volver a encontrarmelo de nuevo.

Aquella noche, viendo un documental sobre el cambio climático, me sentí profundamente conmovida ante la imagen de un iceberg. Tanto fue así, que sin saber cómo ni por qué, comencé a llorar. Y de entre la amarga colección de imágenes que circularon por mi mente, hubo una que no fui capaz de desechar. Mis emociones más fuertes e intensas, esas que dan miedo de verdad, son como un enorme iceberg. Permanecen ocultas, reprimidas, dolorosamente autoconscientes, de forma que sólo sale a la superficie una pequeñísima e inapreciable parte de todo lo que hay debajo. La más ajena, la más superficial, la más fría...



Y aquí comienza mi ciclo "Mecanismos de defensa" ;)

19 agosto 2009

Lies



Recuerdo el día en el que comencé a mentir. Estaba en el patio del colegio y, tras un breve forcejeo, empujé a Melissa Olsen del columpio. Se abrió la rodilla. Le dieron 17 puntos. Mientras la cosían, yo juraba y perjuraba que había sido un accidente. Me creyeron. Entonces descubrí con malévola complacencia, que cada uno de los puntos sobre la rodilla de Melissa había sido un paso hacía un camino nuevo: excitante, imprevisible, con un punto peligroso, como subirse a una atracción sin haberse puesto el cinturón o bajado la barra de seguridad. Desde aquel momento, aquel camino se convirtió en el único posible y mi vida se fragmentó en piezas que fui repartiendo, como pequeños espejos deformados de mi misma. Cada día tenía que recordar quien poseía cada uno de ellos y evitar que dos piezas opuestas o contradictorias se mezclasen. Era un trabajo arduo. Agotador, incluso. Mi memoria y mi instinto se agudizaron. Aprendí a estar alerta. Me sentía a salvo. Nadie podía verme porque nadie conseguiría reunir todos aquellos fragmentos al mismo tiempo. Sin embargo, también comencé a dispersarme. Parecía como si alguien fuera soplando lentamente sobre un diente de león. Cada una de las partes de esa flor serían siempre objetos de paso, irreconciliables, desubicados, ajenos los unos de los otros, incluso a pesar de si mismos. No conocía a la mujer a la que los demás estrechaban la mano, ni a la que apodaban con nombres absurdamente cariñosos, ni a la que jadeaba montada sobre algún amante ocasional.
“No te creas sus mentiras” escribe Leonard, el protagonista de la película Memento, en la que siempre será mi escena favorita y más odiada, al mismo tiempo. Lo hace para librarse de la única certeza que hay en su vida. Sin embargo, él tenía un pasado, un amor y una autoimagen que preservar. A diferencia de Leonard, yo me aleje de todas mis certezas en un patio de colegio hace muchos años...




02 agosto 2009

Craving



En ocasiones, media hora antes de cenar, te entra un hambre apremiante, incontenible. Eres consciente de que ese súbito ataque de gula posiblemente arruine tu apetito, pero cedes ante el “autosaboteo nutricional” que se te impone desde dentro. No puedes ni quieres esperar. Necesitas chucherías, chocolate, cualquier cosa que sea etiquetada como “peligrosamente azucarada”. Un tentempié se convierte por arte de magia en la súbita reformulación de tu entidad. Incomplet@, rastreas la cocina con desesperación de leona herida, hasta que encuentras una presa. Caes en la cuenta de que este hambre es un hambre diferente en el momento en el que el primer bocado aplaca levemente la urgencia. Tampoco la comida sabe exactamente igual. Parece alterada, extrañamente manipulada, como si tu paladar y su composición apenas se tocaran y viajaran en direcciones distintas. Acabado "el festín", observas tu mano vacía como si fuera capaz de revelarte la clave para resolver un misterio, pero lo único que parecer decir, con cierto descaro burlón, es “¿y esto era todo?”.

01 agosto 2009

Mercurio



Rodar debajo de las camas
y caminar de puntillas
sobre las barandillas de los puentes
es la ilusión
de tu mano y la mía
sombras chinescas
inundan los balcones abiertos
No hay cristales
todos pueden trazarlas después con su dedo índice
eje rescatado del ángulo
de alguna cuna

Salto
con el tiempo en un bolsillo
previamente agujereado
va cayendo
como pequeñas monedas devaluadas
llega al suelo antes que yo
El pasado es metálico, no de lluvia
Si lo tocas demasiado,
puede mancharte las yemas
y los labios

El pasado es metálico...

12 julio 2009

Girlfriend in a coma



En el hospital:

- ¡La estamos perdiendo, doctora!
- ¡Rápido, léame el cuadro clínico!
- Ñoñilidad extrema, monotematismo, despersonalización, perdida total de curiosidad e inquietudes, aislamiento romántico tipo 3, amisticidio y apatía social. En total, la reducción de su microcosmos es de un 70%
- ¡Maldición! ¡Es uno de los peores casos que he visto! ¿Por qué no nos la han traído antes?
- Nadie lo sabe, doctora. El verano suele agravar esta condición...
- ¿Le queda algún buen amigo? ¿Tiene hobbies?
- Sólo colegas. Antes solía ir regularmente al cine, ahora sólo ve las películas que se descarga su novio... y es fan de Vin Diesel...
- ¡Inyectadle rápidamente 30 mg de Desdependizipam y 80 de Espabilina!
- ¡No reacciona doctora! ¡Sus constantes vitales bajan! ¡La vamos a perder!
- ¡Probad con el Estimil directamente al corazón! ¡Rápido!
- ¡No funciona!
- ¿Y el Acabarasolanol?
- ¡Tampoco! ¡Se ha ido!
- ¡Que lástima! ¡Un caso tan grave, en pleno siglo XXI...! Aquí yace otra víctima del Noviocentrismo...

07 julio 2009

Va' dove ti porta il cuore (Donde el corazón te lleve)



"Habitualmente la desdicha sigue la línea femenina. Al igual que ciertas anomalías genéticas, va pasando de madre a hija. Al pasar, en vez de atenuarse, se va volviendo cada vez más inextirpable y profunda. En aquel entonces, para los hombres era muy diferente: tenían la profesión, la política, la guerra; su energía podía salir fuera, expandirse. Nosotras no. Nosotras, a lo largo de generaciones y generaciones, hemos frecuentado tan sólo el dormitorio, la cocina, el cuarto de baño; hemos llevado a cabo miles y miles de pasos, de gestos, llevando a cuestas el mismo rencor, la misma insatisfacción [...]
¿Te acuerdas cuando íbamos, la noche del 15 de agosto, a mirar los fuegos artificiales que disparaban desde el mar? Entre todos ellos había, de vez en cuando, alguno que aunque estallaba no lograba elevarse hacia el cielo. Pues cuando pienso en la vida de mi madre, en la de mi abuela, cuando pienso en muchas vidas de personas que conozco, en mi mente aparece justamente esa imagen: fuegos que implosionan en vez de ascender hacia lo alto”

“La vida no es una carrera, sino un tiro al blanco, lo que importa no es el ahorro de tiempo, sino la capacidad de encontrar una diana”

Donde el corazón te lleve
, Susanna Tamaro


*

“Nunca es demasiado tarde, o en mi caso, demasiado pronto, para ser quien quieras ser. No hay limite en el tiempo, empieza cuando quieras. Puedes cambiar o no hacerlo. No hay normas al respecto. De todo podemos sacar una lectura positiva o negativa. Espero que tú saques la positiva. Espero que veas cosas que te sorprendan. Espero que sientas cosas que nunca hayas sentido. Espero que conozcas a personas con otro punto de vista. Espero que vivas una vida de la que te sientas orgullosa. Y si ves que no es así, espero que tengas la fortaleza para empezar de nuevo."

Carta de Benjamin a Caroline
, El curioso caso de Benjamin Button


*

"Observa el camino muy atentamente. Ponlo a prueba el tiempo que sea necesario y luego formúlate la única pregunta que haría un viejo sabio. La pregunta que me hizo mi maestro cuando yo era joven y mi sangre demasiado impetuosa para poder comprenderla. Ahora te haré la misma pregunta: ¿ese camino tiene corazón? Si lo tiene, el camino es bueno. Si no, resulta absurdo emprenderlo".

Carlos Castaneda



[Ya he superado las 10000 visitas. Yuppy! ]

21 junio 2009

La possibilité de trois coeurs




R se despide de M para siempre mientras consulta impacientemente su reloj. Sólo ha tardado una hora y media. ¿Batirá su record personal? Tras apuntar el tiempo en su libreta, se dirige al laboratorio. El cielo encapotado y la creciente humedad del aire le indican que hay, aproximadamente, un 70% de posibilidades de tormenta. Ahora sólo queda esperar a que aparezcan los primeros síntomas. ¿Serán minutos, horas, días tal vez? Lejanos quedaron los tiempos en los que se le ocurrió la idea de su experimento. Si las cosas potencialmente adictivas o peligrosas llevaban una etiqueta identificativa, por qué no las personas “altamente queribles”? Su teoría era que si todos fuéramos advertidos de antemano sobre lo mucho (y lo rápido) que podíamos encariñarnos de otro ser humano, en muchas ocasiones, nos lo pensaríamos dos veces antes de dejarle “libre acceso”. Especialmente en el caso de los encuentros breves o con fecha de caducidad.

Abstraída en estas cavilaciones, R se cepilla la melena frente al espejo azul del baño y descubre una lágrima en su mejilla. Se la enjuga entre la fascinación y el terror. ¿Será posible acaso...? Los recuerdos se agolpan en su mente. Había clasificado a aquel sujeto de estudio como “inofensivo”, pero la respuesta registrada por sus aparatos había sido la más alta en tres años. Aparentemente, no había nada en él que pudiera sugerir semejante reacción de apego. ¿Amor? Desolada y con el medidor aún sobre el pecho, R sabe que su experimento ha acabado. Ahora no le interesa detectar y protegerse de las personas “altamente queribles”, sino el riesgo. ¿Qué ocurriría si existiese algún tipo de garantía o de colchón emocional? Los pulpos, por ejemplo, tienen tres corazones. Si uno de ellos se dañara, los otros dos seguirían latiendo. Enlazando ideas en su mente, R perfila su siguiente experimento: ¿si los seres humanos tuviéramos tres corazones como los pulpos, seguiríamos huyendo del autentico contacto? ¿escaparíamos con tanta insistencia del amor?

27 mayo 2009

No es posible no tocarse



No es bueno
quedarse en la orilla
como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca.
Sino que es puro y sereno arrastrarse en la dicha
de fluir y perderse,
encontrándose en el movimiento con que el gran corazón de los
hombres palpita extendido.

Como ese que vive ahí, ignoro en qué piso,
y le he visto bajar por unas escaleras
y adentrarse valientemente entre la multitud y perderse.
La gran masa pasaba. Pero era reconocible el diminuto corazón afluido.


(...)

no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.

En la plaza (fragmentos). Vicente Aleixandre.




Siento postearos tan poco lately.
Hasta dentro de un mes.
Take care!

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23 mayo 2009

Coffee Break



- Acabemos con esto de una vez
- ¿A qué te refieres?
- Ya lo sabes...
- No, no lo sé
- A tu cuelgue por mi
- Creo que te confundes...
- Tú me miras, a todas horas y desde todos los ángulos
- ¿No será que quien me mira eres tú?
- No te escapes vilmente por la tangente
- No lo hago. Pero creo que estas proyectando tus sentimientos
- ¿Yo no te gusto?
- No
- ¿Ni un poquito?
- Nada de nada, monada.
- ¿Entonces por qué me desnudas mentalmente cada vez que nos cruzamos?
- Porque eres una persona... visualmente muy apreciable
- Entonces sí te gusto
- No, no me gustas
- Acabas de insinuar que te pongo
- Sí, pero poner y gustar no es lo mismo. Yo a ti simplemente te utilizo
- ¿Me utilizas?
- Sí
- ¿Para qué?
- En mis fantasías
- Así que cuando tú...
- Cuando estoy con alguien que no me, digamos, excita lo suficiente, pienso en ti
- ....
- ¿Te molesta?
- ¿Qué abuses de mi en tu inconsciente o ser simplemente un objeto sexual?
- Ambas cosas
- Pues si, me molesta
- Pensaba que esta revelación halagaría tu ego masculino. ¿Acaso tú no has fantaseado nunca conmigo?
- Sí, pero...
- ¿Pero qué?
- No te entiendo
- ¿Qué es lo que hay que entender?
- Que te baste con eso
- ¿Acaso no te basta a ti?
- ... sí
- ¿Entonces?
- Estás colada por mi, ¡admítelo!

19 mayo 2009

Japanese cherry blossom



Marilyn Monroe se sintió invisible hasta que los encantos de la adolescencia la hicieron demasiado evidente de cara a todas las galerías. Ella no. Ella siempre notó los disparos y el eco de las balas extraviarse en su interior.

Hoy, ayer, a veces, sale a la calle y los pasos de cebra se superponen en un desfile de magnolias, pero se empeña en caminar bajo el caos de los andamios y su dantesca orquesta de taladros.

Llega tarde a la estación del Norte y toma el tren que nunca es directo. Mientras espera y desespera, aprieta con fuerza la tira que une sus nuevas sandalias al tobillo, como quien asegura una tirita. Piel sobre alas de mariposa recortadas.

Entre túneles, el tren traquetea rabiosamente y no hay donde agarrarse: ni a la certeza de la llegada, ni a la luz creciente, ni a la familiaridad del paisaje.

Un vagabundo esconde la cabecita emergente de un cachorro de perro en su mochila y cierra la cremallera. Dos mujeres le increpan, dos hombres callan. Y en el aire flota la ternura descarnada y ese perfume de flores de cerezo japonés que siempre ha deseado, y no se ha podido comprar...


... and wild horses
couldn't drag me away...

18 mayo 2009

Una décima de segundo




Sábado 6 de julio

Llovió a baldes, después del mediodía. Estuvimos veinte minutos en una esquina, esperando que llegara la calma, mirando desalentadamente a la gente que corría. Pero nos estábamos enfriando sin remedio y yo empecé a estornudar con una regularidad amenazadora. Conseguir un taxi era una especie de imposible. Estábamos a dos cuadras del apartamento y decidimos ir a pie. En realidad, corrimos también nosotros como enloquecidos y llegamos al apartamento en tres empapados minutos. Quedé por un rato con una gran fatiga, echado como una cosa inútil sobre la cama. Antes tuve fuerzas, sin embargo, para buscar una frazada y envolverla a ella. Se había quitado el saco, que chorreaba, y también la pollera, que quedó hecha una lástima. De a poco me fui calmando y a la media hora ya había entrado en calor. Fui a la cocina, encendí el primus, puse agua a calentar. Desde el dormitorio, ella me llamó. Se había levantado, así, envuelta en la frazada, y estaba junto a la ventana mirando llover. Me acerqué, yo también miré cómo llovía, no dijimos nada por un rato. De pronto tuve conciencia de que ese momento, de que esa rebanada de cotidianidad, era el grado máximo de bienes- tar, era la Dicha. Nunca había sido tan plenamente feliz como en ese momento, pero tenía la hiriente sensación de que nunca más volvería a serlo, por lo menos en ese grado, con esa intensidad. La cumbre es así, claro que es así. Además estoy seguro de que la cumbre es sólo un segundo, un breve segundo, un destello instantáneo, y no hay derecho a prórrogas. Allá abajo un perro trotaba sin prisa y con bozal, resignado a lo irremediable. De pronto se detuvo y obedeciendo a una rara inspiración levantó una pata, después siguió su trote tan sereno. Realmente, parecía que se había detenido a cerciorarse de que seguía lloviendo. Nos miramos a un tiempo y soltamos la risa. Me figuré que el hechizo se había roto, que la famosa cumbre había pasado... Pero ella estaba conmigo, podía sentirla, palparla, besarla. Podía decir simplemente: "Avellaneda". "Avellaneda" es, además, un mundo de palabras. Estoy aprendiendo a inyectarle cientos de significados y ella también aprende a conocerlos. Es un juego. De mañana digo: "Avellaneda", y significa: "Buenos días". Hay un "Avellaneda" que es reproche, otro que es aviso, otro más que es disculpa. Pero ella me malentiende a propósito para hacerme rabiar. Cuando pronuncio el "Avellaneda" que significa: "Hagamos el amor", ella muy ufana contesta: ¿Te parece que me vaya ahora? ¡Es tan temprano!?. Oh, los viejos tiempos en que Avellaneda era sólo un apellido, el apellido de la nueva auxiliar (sólo hace cinco meses que anoté: "La chica no parece tener muchas ganas de trabajar, pero al menos entiende lo que uno le explica"), la etiqueta para identificar a aquella personita de frente ancha y boca grande que me miraba con enorme respeto. Ahí está ahora, frente a mí, envuelta en su frazada. No me acuerdo cómo era cuando me parecía insignificante, inhibida, nada más que simpática. Sólo me acuerdo de cómo es ahora: una deliciosa mujercita que me atrae, que me alegra absurdamente el corazón, que me conquista. Parpadeé conscientemente, para que nada estorbara des- pués. Entonces mi mirada la envolvió, mucho mejor que la frazada; en realidad, no era independiente de mi voz, que ya había empezado a decir: "Avellaneda". Y esta vez me entendió perfectamente.


De La tregua, Mario Benedetti


La semana pasada nos dejaron dos de mis contadores favoritos y, por alguna razón, el mundo parece un lugar mucho más hostil.
Mis noches sin ellos tendrían otro sabor.
Gracias por existir...


Ahora tú no dejes de hablar...

11 mayo 2009

Amy & Vincent



Amy es buceadora. Trabaja en la zona del paseo sobre el acantilado, recogiendo los objetos que la gente ha perdido o ha olvidado.
Vincent hace cometas de colores brillantes y las vende en un pequeño puesto junto a la playa en los días de verano.
Amy sólo se siente en su elemento dentro del agua. Vincent le tiene fobia a nadar.
Amy padece una enfermedad ocular que no le permite distinguir los colores vivos. Vincent sólo construye cometas con naranjas, azules, rojos, verdes y amarillos.
Un día a Vincent se le extravía una cometa y Amy la encuentra sobre unos corales y se la hace llegar. Entusiasmado, el joven decide darle las gracias.
Después de registrar concienzudamente la playa, el paseo y el puerto, finalmente, encuentra a una frágil joven sentada sobre el muelle con los pies dentro del agua. Hay un brillo de añoranza en su mirada abstraída. Pero su apariencia de sirena desorientada no desanima a Vincent.

- He venido a darte las gracias
- ¿Por qué?
- Por recuperar mi cometa
- ¡Ahh!. De nada. Es mi trabajo...
- Ya pero mis cometas son muy importantes para mi. Cada vez que me amenaza un pensamiento triste, construyo una. Si se rompe o se pierde, comienzo a sentirme mal y...
- Lo comprendo. Haces cometas para no sentirte desgraciado
- Todos hacemos cosas para permanecer alegres, ¿no? ¿Qué haces tú para vencer el desánimo?
- Nada. No creo que haya nada malo en sentirse triste...
- ¿Y qué haces para sentirte alegre?
- No lo sé... nunca lo he pensado...
- Vaya.... bueno, no te molesto más. He de irme... ¡Hasta otra!
- Adiós...

Amy se dispone a arrojarse al agua, cuando escucha de nuevo la misma voz, ahora extrañamente conocida:

- ¡Espera!
- ¿Si?
- ¿Puedo volver otro día?
- ¿Por qué?
- Por que tú tienes algo que me falta y quiero averiguar qué es.

Amy sonríe por vez primera, asintiendo levemente. Ella siente lo mismo.

09 mayo 2009

El inquietante caso de la chica espejo



En un mundo perfecto, los empleados de supermercado serían únicamente jóvenes aves de paso, no existirían los inclementes días de lluvia + viento, y nadie podría convertirse en espejo ante la demanda y antojo de los demás, a pesar de si mism@.
Chris no recuerda el momento exacto en el que salió a la luz su "super poder", sólo el color de las inquietantes sensaciones que le produjo. De repente, fue como si su piel se hubiera mimetizado con los muebles y el color de las paredes. Seguía allí, pero, paradójicamente, no podían verla.
Poco ha cambiando desde entonces. En raras ocasiones es capaz de controlar una desconcertante habilidad que consigue parar el tiempo de su interlocutor en el lugar más insospechado y en el momento más inoportuno.
A veces, en plena conversación con un amigo, este se levanta y se observa, gira como una peonza y se acerca. Para, posteriormente, jugar a la matrioska o a enhebrar sortijas en sus pupilas.
Otros escriben soliloquios, escenas, actos u obras de teatro. Dialogan en voz alta consigo mismos como si el sonido de su propia voz les despertara de un letargo o les rescatara del insomnio.
En cambio, muchos se observan de refilón y huyen, como si su propio reflejo fuera un doloroso enemigo inmombrado o innombrable o el antiguo contendiente de un duelo largamente postergado.
Pero en todas estas ocasiones, Chris grita. Golpea con furia el cristal que ha tejido previamente con malsana dedicación como si fuera una inquebrantable tela de araña. Demasiados retazos de si misma penden en ella, sustraídos e ignorados, en la tierra de nadie de las expectativas rotas.
Hábil hilandera, su eterno drama es conocer la densidad de sus tejidos, pero no las tijeras...


Wherever i have gone,
Wherever i've been and gone,
Wherever i have gone
The blues are all the same

03 mayo 2009

Black T-Shirt



Agachaste la cabeza y, por un momento, casi desapareciste. Aquel ya no era tu sitio. Te correspondía estar en otro lugar menos poblado, en otro país más frío, hablando en otra lengua. Miraste al suelo como si contuviera un inesperado atajo subterraneo y, en silencio, te dejaste llevar por el. Esa advertencia tácita me lanzó hacia atrás con fuerza, como golpeada por un radio protector invisible. Fue entonces cuando pude encaramarme a tu distancia de nogal y observarte. Si te hubiera visto por vez primera, no te habría reconocido. Parecía como si toda tu conjunción de peculiaridades se hubiera reformulado de repente. Sólo vi a un chico pálido, rubio y extremadamente delgado.
Nunca quise creerte, pero ahora se que el negro no te favorecía, que en lugar de resaltar tus suaves rasgos nórdicos, los engullía como un pequeño e implacable agujero negro. Si a tu mirada cerúlea no la conjurara tu aparente serenidad, podrías ser un clón descafeinado de Ian Curtis.
De entre toda esa marabunta relajada de rostros anónimos, sólo eras un poco más guapo y un poco más triste...



[Siento desilusionar a algunos bloggers, pero las fotos que aparecen en mis noches de mora no son mías. Tengo dos voces distintas para contar mis historias, pero ninguna de ellas es la fotografía... por ahora...]

Me visto de psico-periodista en http://chataignesetchocolat.blogspot.com/
y de cine en http://ifyouneedmewhistle.blogspot.com/

28 abril 2009

Diálogo entre creadores



- ¿Tú crees que es imposible crear sin dolor?
- No. Creo que es imposible crecer sin dolor
- ¿Y no es lo mismo?
- No. Se puede crecer sin crear, pero no se puede crear sin crecer
- Sin embargo, se dice que el dolor es la matriz o el útero de la creatividad...
- Puede que sólo la oscuridad tenga el poder para hacer que un hombre abra su corazón al mundo, pero no es la única fuente de la que se nutre. Artísticamente, el dolor te nace, pero no te hace
- Así que, en este mismo instante, tú y yo estamos aquí, de entre todos los lugares del mundo, porque hace tiempo nos marcaron de forma irreversible
- Sí
- Porque fuimos un poco o un mucho menos felices y sobrevivimos
- Exacto
- Entonces, toda herida tiene su lado positivo
- Desde luego
- ¿Si volvieras a nacer, pagarías el precio del talento?
- ¿Qué quieres decir?
- Si pudieras elegir entre una juventud “anodina” pero feliz y otra "potencialmente creadora" pero marcada, ¿cual escogerías?
- ...

22 abril 2009

Desvocación Vs vocación



Desvocación

Cuchillos de menta sobre la alfombra
desfiles de almohadas
El reloj está roto por los bordes
le asoma el centeno entre los dientes y
aúlla como una bala de plata

Tiene espesura de hiedra
y el candor de espuma de
los que no lo intentan

Escondámonos bajo la lluvia
para desoir de nuevo
No siempre el cóndor pasa...


Vocación

La luna cubre mi pecho
latidos de arcilla,
manchas de mercurio en las retinas

La rotundidad del árbol
cae sobre las raíces
sin saber cuál llego primero

Un bucle fílmico
hace sangrar los ojos
Tiempos muertos
acunan las cámaras

El único futuro que alimenta
cabe en un tarro de cristal

El único futuro que alienta
sufre en un tarro de cristal...







Tanto Favio http://axelagadir.blogspot.com/ como Angie http://confinesignotos.blogspot.com/ me han hecho dos regalitos. El primero (además de colocar la petición de salvar el Ártico en su blog), me ha entregado este premio encuentril encantador (se que tenia que cambiarlo, pero es que es tan gatuno y tan yo...) y la segunda, el premio de qualitè más clásico de estos lares. ¡Gracias miles a ambos!

Ahora me toca pasar el testigo, así que he decidido unir ambos premios. Los blogeros y los blogs que más me ha gustado encontrarme, alfabéticamente ordenados, son:

***AQUELARRE*** http://myplace26.blogspot.com/
(Con)fines ignotos http://confinesignotos.blogspot.com/
Diles que no estoy http://dilesquenoestoy.blogspot.com/
Druida de noche http://damian-evander.blogspot.com/
El huequito de hada nevada http://hadanevada.blogspot.com/
Inconstanteces http://mecopiodemihermano.blogspot.com/
La búsqueda del alma http://axelagadir.blogspot.com/
Mi diario discográfico http://midiariodiscografico.blogspot.com/
Restos de un naufragio http://susurroypienso.blogspot.com/
Zéro de conduite http://experimentandocongaseosa.blogspot.com/

No he incluido los motivos, porque tod@s ell@s saben por qué están aquí. Y, si no es así, “deberían” ;)
No hay reglas, haced con los premios lo que queráis. Congratulations!

17 abril 2009

Rupturas eneagramáticas: E5



Miedo básico: ser impotente, inútil, incapaz.
Deseo básico: ser capaz y competente.

*

Y metió su vida en cajas y se marchó del apartamento...

Horas después, también lo haría ella, cambiando las temperaturas estivales londinenses por el frío verano ártico del Mar de Chuckchi, Alaska.
Puede que las largas estancias en Suecia, junto con su abuela materna, tuvieran mucho que ver con su vocación. Desde niña, el frío siempre le había infundido una inusitada vitalidad, una reconfortante sensación eléctrica que no experimentaba con ninguna otra cosa. Era pues una consecuencia natural que, tarde o temprano, acabara sintiendo fascinación por el hielo.

Una semana antes de partir, Iris tomó una radical decisión: debía romper con su novio. A pesar de que él estaba más que dispuesto a esperarla durante aquellos seis meses, ella se aferraba al hecho incontestable de que la ruptura era lo más racional y sensato para ambos.
Su cerrado circulo de amigos sabía que no serviría de mucho contradecirla. Zigzagueando siempre en la sensibilidad y la frialdad más inconmovible, cuando Iris tomaba una decisión, su determinación era absoluta.

A pesar de sus dudas iniciales, se adaptó muy bien a la base. Se sentía en su elemento rodeada de un equipo tan brillante y competente. Su rutina se redujo a colocar sismógrafos sensores cerca de las superficies de los lagos estivales y en analizar el movimiento del hielo; pero por primera vez en su vida, tenía la absoluta certeza de que estaba haciendo lo que le correspondía y que, además, estaba haciéndolo bien.
En ocasiones, un fugaz sentimiento de culpa la agujereaba, y pensaba en Jim. Pero siempre conseguía aplacarlo. No sentía dolor, ni añoranza, ni angustia. Sin embargo, su centro vital no estaba congelado, sino que, mas bien, parecía haberse transformado en un voraz agujero negro que devoraba y anulaba todo lo que latía a su alrededor. Aquello la embrutecía. Se sentía como un habitante de Fantasía amenazado por la nada.

Una mañana de agosto vivió un acontecimiento espectacular sin precedentes. Los instrumentos captaron el súbito y completo drenaje de un lago que llegó a cubrir 5,6 kilómetros cuadrados. A una velocidad similar a la de las Cataratas del Niágara, como si le sacaran un tapón, el lago vació sus 40 mil millones de litros de agua en 90 minutos. 24 horas después, había desaparecido
Aquel gran indicio se merecía una documentación en vivo. Sin esperar a ninguno de sus compañeros, Iris partió sola en dirección al gran lago. Con la ayuda de su mapa, consiguió esquivar las zonas en las que las placas eran más débiles, hasta encontrar un ángulo perfecto. Pero cuando se disponía a preparar su cámara, un acontecimiento inesperado captó su atención. Al otro extremo del lago, un enorme bulto sobresalía poderosamente contra la plana superficie. El zoom de la cámara le confirmó lo que ya sospechaba: era un oso blanco.

Los sensores no lo habían registrado horas antes. Acurrucado en posición fetal sobre su gélida cuna, acababa de morir. O tal vez su debilitado corazón aún latiera bajo la manta de nieve.
Apenada y aterrorizada a partes iguales, Iris no fue capaz de moverse. A pesar de las advertencias de los científicos más veteranos, nunca pensó que aquel espectáculo le resultara tan insoportablemente dantesco.
El hielo polar tiene ciclos. El invierno congela lo que derrite el verano. Sin embargo, con el aumento de las temperaturas globales, cada verano se derrite más y cada invierno se congela menos. Durante los meses cálidos, las capas de hielo son tan frágiles, que cada vez son menos capaces de sostener el peso de los osos cuando salen a pescar. Éstos, hambrientos y desesperados, mueren irremediablemente.

Los sollozos la sorprendieron. Luego llegó el llanto. Un llanto amargo, profundo, desgarrador. Su vida desfiló ante sus ojos a “velocidad tunel” y todo fue presentándose exponencialmente ante sus ojos de forma cada vez más nítida y clara. La luz final fue la que le causó más daño: aquel accidente de autobús que él sufrió 3 semanas antes de partir, la noticia en la televisión, la duda, la idea devastadora de que él pudiera dejar de existir, el pánico... y su estrategia contrafóbica: abandonarle por temor a arriesgarse a la posibilidad de que la dejara de nuevo.
Corrió hacia la base. El viento quemaba sus mejillas. A partir de aquel día, el verano comenzaba a descender. Tiritando, se dirigió a su habitación y tomó el teléfono móvil entre sus dedos ligeramente amoratados. Marcó su número, igualmente aterrada ante la posibilidad de encontrarlo y no encontrarlo al mismo tiempo...

Había línea...


Para l@s que quieran explorar el eneatipo 5 http://www.personarte.com/enea5.htm



“Si la amas lo suficiente, cualquier cosa te hablará”. George Washington.

07 abril 2009

Rupturas eneagramáticas: E4



Miedo básico: no tener identidad ni importancia personal.
Deseo básico: descubrirse a si mismo y su importancia; crearse una identidad a partir de su experiencia interior.

*

Nº 11

Y metió su vida en cajas y se marchó del apartamento...

... pero no la vi. Caminaba siempre un paso por delante como atraída por un Hammelin inalcanzable. A veces, me costaba ver su nuca bajo el sol, pero siempre la seguía. Era voraz, feroz, oral. En ocasiones, incluso, románticamente perversa. Solía pegarme sin venir a cuento o revolverme el pelo compulsivamente.
Mis manos eran su territorio. Insomne crónica, me arrastraba con ella hasta los cráteres de entre las sabanas, trazando círculos cada vez más pequeños en mi espalda cuando la penetraba. A veces, solía susurrarle poemas y letras de canciones para hacerla dormir.

Eres un misterio, una universidad, una biblioteca cósmica...

Mi mayor miedo era que descubriera mi lado oscuro, mi hosco personaje interior y desapareciera. Profecía autocumplida. Se marchó con la crueldad abrupta y desculpabilizada con la que se abandonan los juguetes al llegar a la adolescencia ...

- Eres la persona más parecida a mi que he conocido nunca...
- Si... ¿pero qué ocurre cuando pones un espejo frente a otro demasiado tiempo?-
sentenció.

Una noche, hace 13 meses, la reconocí. Dos semanas después, me había arrastrado a Londres con ella. Quería “vivir la vida bohemia antes de que fuera demasiado tarde”. Era el verano en el que cumplíamos 29 años y el aquí y ahora ejercía sobre nuestra crisis de los treinta una fascinación irresistible. La seguí porque no podía hacer otra cosa, no acompañarla ni siquiera era una opción. Una mañana de julio, cogimos nuestros ahorros, mi guitarra, su voz, y nos marchamos.
Durante aquellos dos cálidos meses, mi vida consistió en memorizar todas las estaciones, parques y plazas, tocar para ella, escucharla cantar y hacerle el amor.

Pensé que era una hechicera, que algún elemento único en la combinación de nuestros cuerpos podría neutralizar mi voz interna y rebasar por fin todos los huecos. Me equivocaba. Yo vivía siempre de noche, pero ella no me rescató, sólo cambió mi jaula de sitio.

No deje llegar septiembre. Busqué un trabajo como profesor y anclé en la vergüenza y el fracaso toda mi prehistoria, no quería volver.
En la telaraña que, de repente, era Londres, comenzaron a obsesionarme las horas, la luz, los pasos, los detalles. Quería aprehenderla, pero se me escurría. Así que la extrañaba en fragmentos: el aroma a aceite de lavanda sobre la almohada, el inconfundible sabor de su boca cuando comía chocolate, su picara manera de cantar I’m looking through you, de Los Beatles...

Love has a nasty habit of disappearing overnight...

Tenía un triangulo de lunares entre la cadera, el ombligo y la cintura en el que me gustaba perderme. Pero, de repente, sus ángulos se habían estrechado y yo me encontraba atrapado en una extraña tierra de nadie en la que sólo existía el pasado y el futuro, nunca el presente.

La esperaba en todas partes, incluso donde no la quería. Caprichosa, susceptible, criticando mis discos de jazz o instándome a aprenderme, de una vez, los nombres de las calles.
Comenzó a llamarme Robbie porque no le gustaba mi nombre y, antes de darme cuenta, mi antigua identidad dejó de tener sentido. Tenía la capacidad innata de anular y renombrar todas las cosas.

En mis ratos libres, escribía relatos que después quemaba. 10 borradores. Pero la misma historia se me imponía, sádica y caprichosamente, una y otra vez..
A veces, tocaba Please, please, please, let me get what I want en Covent Garden y mi extraña voz de velcro, conmovía, únicamente, a las ancianas y a las palomas.

Me sentía tan disperso, que temía disolverme en cada nuevo acorde y cada nueva palabra...

Un día me pareció verla a través del cristal de un autobús. Corrí tras ella en un intento desesperado de subir en la siguiente parada. Quería parar aquel autobús a toda costa, pero, tras girar una rotonda, una piedra, la lluvia y un pesado camión se me adelantaron. El pánico me invadió hasta el punto de no dejarme respirar. El enorme vehículo trazó un gigantesco circulo que parecía, más bien, el truco final de un numero de magia, para caer a escasos metros de mis pies. Se abrió una enorme zanja. Me asomé a ella y el vértigo activó un resorte en mi interior. De repente, sentí un alivio inconmensurable, incontenible, abrumador.

Nunca supe si había llegado demasiado pronto o demasiado tarde.

Oí que alguien llamaba a una ambulancia desde un teléfono móvil. Desgraciadamente, no llegaron a tiempo. De las 37 personas implicadas en el accidente, murieron 12.

Ninguna era ella...



Para tod@s l@s que aún no se hayan definido http://www.personarte.com/test.htm
Para l@s que quieran explorar el eneatipo 4 http://www.personarte.com/enea4.htm
Para conocer 4 famosos http://www.personarte.com/fenotipos/fenotipo04.htm




“Todo arte es una especie de confesión más o menos oblicua. Todo artista, si quiere sobrevivir, se ve obligado al final a contar toda la historia, a vomitar la angustia” J. Baldwin

[Continua en comentario]

02 abril 2009

Rupturas eneagramáticas: E3



Miedo básico: no tener ningún valor aparte de sus logros.
Deseo básico: sentirse valioso, aceptado y deseable.


*

Y metió su vida en cajas y se marchó del apartamento...

... pero nada alteró su rutina. Se levantaba temprano, iba al gimnasio, desayunaba, paseaba a Moon, y se marchaba al trabajo. Sus compañeros no sabían que Denise le había dejado. Nadie debía saberlo. Su sempiterna sonrisa parecía ser el mejor indicador de su estado de animo. Los más intuitivos podrían haberse percatado de que ya no había luz en su mirada. ¿Pero quién miraba realmente a los ojos salvo las maquilladoras?
Se enganchó a la droga más cobarde: la mentira. Y en su particular galería, la autenticidad era el viejo y ajado atrezzo que alguien olvidó hace mucho tiempo.
Mentir no era difícil para un actor, pero la diferencia entre él y sus compañeros de la serie, era que su dedicación “al método” duraba los 365 días al año. Nunca una mala cara, ni un mal gesto, ni siquiera, un matiz desagradable en el tono de voz cuando, ocasionalmente, sufría un encontronazo con un periodista. Matt era la viva imagen de la afabilidad y el encanto y haría todo lo posible para seguir siéndolo.

Sin embargo, en aquellas tres semanas de soledad, comenzó a odiar su casa, sus muebles, su ropa, su extrema competitividad, su pulcritud, su éxito... todo salvo su cocker spaniel. Sentía como si alguien le hubiera intercambiado por una imagen holográfica de si mismo. Un extraño vacío comenzaba a invadir cada célula de su cuerpo, inexorablemente, como un cáncer. Con la diferencia de que nadie conocía las características de esta nueva enfermedad.
Su corazón latía en otra parte, sepultado bajo un muro de silencio, y él debía atreverse a reclamarlo a pesar del terremoto.
Consideró la idea de tapar todos los espejos de su casa como si viviera en un shivá indefinido. Los judíos guardan luto durante siete días. Siete maravillosos días en los que cuidar de su aspecto es algo tan nimio e insignificante, que se permiten ignorar ese superficial aspecto de si mismos. ¿Por qué no podía hacerlo él?

Día tras día, engatusaba a algún miembro del equipo para ir a tomar algo a un pub y retrasar asi la vuelta a casa todo lo posible. Sabía a que lugares ir sin necesidad de recurrir a las clásicas gafas negras.
Otras veces, seducía a alguna de las chicas. Siempre había sido muy fácil. Si su carisma y su atractivo físico no eran suficientes, recurría a la que consideraba su mejor arma: escuchar como si tu interlocutor fuera la persona más fascinante del mundo.
Las escogía siempre altas, rubias y andróginas porque eran lo opuesto a Denise. Ella tenía los ojos y el cabello más negros del mundo. Su voz ronca y envolvente a lo Veronica Lake era la única capaz de retirarle hasta la última gota de maquillaje con un simple susurro. Todo en ella era espejo. Su morena nuca era la única promesa que se hacía antes de dormir.

Una tarde, mientras se dirigía a una cena con su representante, quedó atrapado en un atasco. Al parecer, un autobús había volcado dos calles más al norte y la lluvia estaba ralentizando todo el proceso. Mientras esperaba, le sobrevino un incontrolable deseo de fumar, pero en la guantera de su coche sólo quedaban sus gafas y un par de condones. Miró por la ventana, tamborileando con sus dedos sobre el cristal en un intento de aplacar su ansiedad, y se percató de que una joven le observaba atentamente desde un café. “Será una fan que me ha reconocido” pensó.
Debía tener unos 25 años. Sus brillantes ojos claros eran una alternativa muy apetecible, pero eligió la necesidad que primero hizo figura: el tabaco. Salió del coche y entró en el mismo café desde el que ella le observaba. Una vez en la barra, la miró de refilón, incitante, mientras se revolvía el pelo mojado.
Cuando el dependiente le devolvió el cambio, ella había desaparecido. Con el ego un poco magullado, se dirigió de vuelta al coche y la encontró esperándole empapada y apoyada seductoramente contra la ventana del copiloto.

- ¿Me llevas?- afirmó más que preguntar.
- ¿A dónde quieres ir?- respondió él con su mejor sonrisa.
- A cualquier parte- un deje de amargura traicionó su dulce voz felina, conmoviendole. La instó a entrar en el coche.
- ¿Cómo te llamas?
- Cecilia.
- Admítelo, Cecilia, ¿tú me conoces, verdad?
- ¿Por qué habría de conocerte?- espetó entre divertida y asombrada mientras se apartaba un mechón de pelo de la cara.
- ¿Me estas diciendo en serio que no sabes quién soy?
- Por supuesto – había una desarmante honestidad en aquellos nuevos ojos.
- ¿Te cuento un secreto, Cecilia?
- Ajá.
- Yo tampoco...



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Para l@s que quieran explorar el eneatipo 3 http://www.personarte.com/enea3.htm
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