09 junio 2015

You knew nothing



Tenías la luna dentada. La misma luna que anochece en mi cielo. Querías morder la manzana de la ira, pero te acariciabas, resignado, la piel de cordero. Conjugabas morder en pretérito, no sabías del velódromo de los latidos. No sabías, pero contenías bosques de pálidas selvas azules. Azul. Las mimbres de tus dedos sofocaban tu corazón desmembrado. Yo tomé, brevemente, ese corazón en forma de orquídea temprana y dibuje su forma brumosa en el techo de mi hoguera. Nada de lo que quemaba conseguía ocultarlo. Eras el ancla de mi tobillo a la tierra y al verano que ya crujen. Deslizabas besos enquistados en mi espalda para que el combate contra la vergüenza bajase de categoría. Pluma. Ahora el viento atrae otros colores a mi ventana. Las canciones comienzan marchitas en el difuso tambor del horizonte. No sabías que la fragilidad es la música de la magia y el misterio. No sabías lo profunda que era la cueva de mi voz cuando dormías. No sabías que la golondrina herida tiene vocación de incendio… 




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